La palabra reliquia viene del latín relinquiae, “restos” y se refiere a cualquier artefacto capaz de obrar milagros. La primera mención a un reliquia (que permitió a la iglesia legitimar esta práctica) aparece en los Hechos donde se lee Dios obraba milagros extraordinarios a través de la manos de Pablo. Cuando los delantales o ropas que habían tocado su piel eran aplicados a los enfermos, sus enfermedades eran curadas y los espíritus malos salían (Hechos, 19: 11-12).

Templo del diente de Buda, en Sri Lanka

Entre todas las reliquias del mundo cristiano (y no es la única religión apegada a esta práctica: los budistas adoran un colmillo de Buda en Sri Lanka; dos cabellos de Mahoma se guardan en Jerusalén) no queda rastro de los delantales milagrosos de san Pablo, pero sí del espinoso problema que representan todavía las reliquias para la iglesia.

La selección celestial

Los santos, y por tanto las reliquias, nacen de necesidades humanas: el ansia de ver “superhumanos” y hechos milagrosos que fortalezcan nuestra fe. Aquí no me quiero meter con la fe de nadie: vamos a decir que los santos sí obran milagros. Pero la necesidad misma de darles un estatus no es diferente a lo que pasa cuando los hinchas de un equipo de fútbol se ponen felices porque les ficharon a una superluminaria, que para todos los efectos tienen superpoderes y vienen a demostrar que uno está con el equipo que es y todos los demás… bueno, son pobres almas equivocadas por las cuales podemos sentir lástima o pueden ser alzadas a patadas a voluntad por las barras bravas, al gusto del creyente.

Los almacenes eclesiales dedicados a vender novenas, sahumerios y efigies de santos son un problema insoluble. Desde el punto de vista estrictamente teológico, está aquello de Jesús y los mercaderes del templo. Pero esto representa una fuente de ingresos importantísima para la iglesia, es difícil separar donde comienza el comercio y terminan las misiones y la "religiosidad popular" simplemente no permitiía acabar esta práctica

Lo cierto es que los santos son un problema que mantiene perplejas a las religiones monoteístas: ¿se ve denigrada la divinidad de Dios cuando honramos humanos? ¿No es el culto a los santos politeísmo? Y hay jerarquías: vaya y verá como puede comprar una imagen de san Antonio, san Pablo, san Pedro o san Judas pero me cuenta cómo le va si pregunta por san Felipe, san Bartolomé o san Wenceslao. Para hacer más curiosas las cosas, se reza a santos que ya no están en el santoral, como Cristobal.

La posición de la iglesia ante los santos y sus reliquias es que sólo Dios es adorado mientras los santos son venerados. Una solución teológica elegante. Tramposa, pero elegante. El problema es que ni un solo fiel se pregunta cuando está haciéndole una novena a san Alejo si está cruzando la línea entre veneración y adoración. Es más, considerando sus santuarios, muchos santos son abiertamente adorados y no como buenos intermediarios o íntimos amigos de Cristo, que van y piden un favor a nombre de uno: en la mente de la mayoría de los creyentes, cuando a un santo se le ha dado un patronato es como si la presidencia de la empresa celestial aplicara las teorías localistas empresariales japonesas y entonces él tuviera poder de decidir de por sí y ante sí el resultado de la petición.

Tres tipos de reliquias

En el caso cristiano, en una época en que la iglesia era una sola (la oficial, no nos compliquemos con las vastas federaciones gnósticas) el asunto de las reliquias tiene una explicación sencilla: las persecuciones.

Según la tradición, la literatura y el cine, había gente en la corte romana dedicada exclusivamente a inventar nuevos tormentos. Las reliquias cumplieron el importantísimo papel de ser el legado de los grandes héroes de esos duros tiempos, que no sólo eran un ejemplo a seguir sino que por la mera fuerza de su fe les conferían a sus restos poderes sobrenaturales que servían para que los sobrevivientes los invocaran y fueran tirando mientras Cristo volvía.

Martirio de san Policarpo

La primera reliquia tangible fueron los huesos de san Policarpo. Según la historia, era un obispo de Esmirna. Teniendo más de ochenta años, acudió a un festival donde se tropezó con Estatio Quadratus, procónsul romano, que le exigió renunciar a Cristo. Por supuesto Policarpo se negó (tres veces, que en esto de las negativas las cosas como que sólo valen en ternas) y Quadratus lo hizo quemar vivo. A juzgar por el extenso y calmado discurso que se le atribuye al santo en el Martirio de Policarpo, no sólo era invulnerable a las llamas sino que se demoraron bastante bastante en arder… El hecho es que alguien recogió los huesos y se les empezaron a atribuir milagros y la idea corrió como incendio forestal.

La iglesia lo aceptó porque (1) No vamos a descartar aquí que los milagros fueran ciertos, no soy yo quién; (2) la idea de que la fe de un héroe religioso lo volvía después de muerto casi un semidios era bastante llamativa; (3) la idea era estupenda para afrontar las persecuciones y dar fortaleza a los fieles y (4) muy importante: una vez que la idea prendió y el pueblo se apoderó de ella, más allá de sutilezas y debates teológicos, hizo muy difícil pensar en dejarla.

La reliquia de la santa cruz presentada a la escuela de san Juan Evangelista; Lazaro Bastiani, 1494, en la Galería de la Academía, Venecia

Pero donde hay demanda hay oferta: si la gente quería reliquias, reliquias iba a tener. Una reliquia era genuina si la respaldaba una leyenda lo suficientemente vieja, parecía lo suficientemente vieja y hacía milagros. Esto último por supuesto que era un criterio importantísimo; el problema es que esos milagros ocurrían en lugares lejanísimos. Pero la gente necesitaba creer. Por no decir que muy pronto se formó un problema de político: si Paris tenía una astilla de la santa Cruz, entonces Aquisgrán tenía que tener la cobija del niño Jesús, luego Viena tenía que tener la lanza del costado de Cristo, entonces Venecia… y luego Pisa… y Colonia… y Londres. ¿Qué clase de ciudad no tenía una gran catedral, y qué clase de catedral no tenía una gran reliquia? El comercio de reliquias fue rampante en la Edad Media y generó una especie de inflación espiritual que puso a la iglesia en una situación comprometida, que acabó por un lado en el incendio de la Reforma y por otro lado en el inclemente ataque la Ilustración francesa. A la iglesia le gusta posar de perseguida, una manía que le quedó del imperio romano, pero en este tema lo que empezó como una buena idea de comunicaciones terminó como una práctica absolutamente abusiva.

Las reliquias son de tres tipos: las de primera clase son restos de los santos como huesos o pelo y también artefactos de la pasión de Cristo; las de segunda clase son ropa o artículos caseros propiedad de los santos o tocados por ellos y también instrumentos de su tortura. Las de tercera clase son una cosa complicadísima, producto de esa oferta y demanda: son reliquias que han tocado reliquias de segunda clase, es decir, son sagradas por asociación. La necesidad comercial detrás de esa definición es evidente; simplemente llegó un momento en que no había reliquias suficientes para tantas iglesias magnificentes luchando por darse un gran lugar, y en la jerarquía de los milagros son mucho menos impresionantes.

2012 es una versión más, con apabullantes efectos especiales, de una de las más viejas preocupaciones del hombre occidental, la fecha exacta de la destrucción del mundo y la manera en que algunos podrán salvarse para asegurar la continuidad de la especie; en el caso de la película, inspiradas en una profecía maya.

Incendio de los pozos petroleros de Kuwait, primera guerra del golfo

Algunas profecías son más curiosas. La de los indios hopi de Arizona son como mínimo desconcertantes si fueron así originalmente y no ajustadas posteriormente: según los hopi sus ancestros, antes de la llegada de los colonos blancos, decían que el mundo empezaría su camino a la destrucción cuando la tierra fuera recorrida por serpientes de acero y ríos de cemento; la fecha definitiva sería cuando el hombre blanco fuera de pelea al otro lado del mundo, al lugar donde surgió la primera chispa del entendimiento y de resultas habría columnas de humo y fuego en el desierto. Lo de la cuna del conocimiento vendría siendo Mesopotamia (Irak) y las columnas de fuego se parecen bastante a los incendios de los pozos petrolíferos durante la primera guerra del golfo.

Pero los pobres líderes mayas llevan años clamando que su profecía no se refiere al fin físico del mundo, su calendario no oculta una cuenta regresiva. Se refiere a una nueva fase de progreso espiritual, pero ellos no tienen quién les haga una película y en todo caso tendría una trama tan veloz como ver secarse una pared recién pintada.

Roland Emmerich, rey del cataclismo

El mito de un dios creacionista (¡Hágase la luz!) tiene una implicación imperceptible: un tiempo lineal, es decir, teniendo el tiempo un inicio, debe tener un final. Por eso nuestra historia es una especie de paréntesis entre el génesis y el Apocalipsis en el caso cristiano (o la llegada del Mesías, según los judíos; o los mitos musulmanes).

Resulta que esta no es la única concepción del tiempo. Los budistas o los hinduistas creen en un tiempo circular donde todo es un eterno retorno. Y los mayas creían en un tiempo en espiral ascendente, que iba subiendo clausurando fases. En ese contexto debería entenderse la profecía, pero cuando los judeocristianos nos tropezamos con profecías que suenan interesantes y le hablan a nuestro atávico miedo de una destrucción final, estiramos el nuevo mito.

 

2012, como en todas las películas de Emmerich, que ha destruido la Casa Blanca tres veces, incluyendo lanzarle encima un portaaviones y en su lista figuran el Empire State, la Biblioteca de New York y la capilla Sixtina, no elabora las causas del desastre en sus cintas: sólo las insinúa lo necesario para impulsar a la película a llegar lo más rápido posible a lo que él quiere: destruir el mundo. Otra vez.

En este caso, se supone que el mundo va a acabarse porque una alineación planetaria ha desatado explosiones solares que han modificado la masa de los neutrinos de la corteza terrestre y la van a desplazar.

La explicación tiene problemas de lógica elemental e historia. Los de lógica son sencillos: si la masa de los neutrinos cambia, resulta que esos no son unos bichos que viven en el centro de la tierra sino que hasta nosotros los tenemos; si el cambio afecta al planeta ¿se imaginan lo que le puede hacer a John Cusack, el indestructible protagonista de la película, disfrazado de hombre común? La otra razón es que por pura estadística siempre hay algunos planetas alineados.

Y aquí entran las razones históricas de las que hablaba antes: en 1983 yo era un adolescente lo bastante desadaptado socialmente (lo que significa que las niñas que me gustaban de la cuadra no me miraban para nada, cosa que tampoco ha cambiado mucho) como para que me interesara la astronomía. Así que tuve el raro privilegio de ver la última vez que los nueve planetas estuvieron alineados. Me pase una madrugada en una colina viendo un espectáculo que ocurre más o menos cada doscientos años, preguntándome si sería de los primeros en ver a Venus estallar en llamas.

En esa época también dijeron que el mundo se iba a acabar. Como también lo anunció The Jupiter effect de John Gribbin en 1970, con sólo cinco planetas. Y otra vez en el 2000 cuando en mayo se alinearon cinco de los planetas clásicos, encima en semejante año. La verdad es que lo de alineación, como aprendí con algo de desilusión, es un término bastante generoso y a los astrónomos no les gusta nada. Las órbitas de los planetas están ligeramente ladeadas entre sí, no es como si estuvieran puestas sobre una mesa, así que no pueden terminar de formar una línea recta.

Pero esta película pretende ganar algo de validez usando un título que sugiere que se basa en la profecía maya. En la profecía no se habla de planetas ni alineaciones ni explosiones solares, cosa curiosa teniendo en cuenta que los mayas fueron grandes astrónomos. A menos que Quetzalcoatl surja por el borde del sistema solar y acomode los planetas en fila como si preparara una partida de billar, no existe la menor posibilidad de una alineación planetaria extraordinaria el 21 de diciembre de 2012.

Yo ya no recuerdo cuántas veces he estado sentado en primera fila para ver acabarse el mundo ni cuántos anticristos me han tocado: la alineación de 1983, la de 2000, la caída del muro de Berlín, la revolución iraní, la primera guerra del golfo, el paso al nuevo milenio, el once de septiembre. Lo que sí sé es que no he visto al primero de esos autores pedir perdón por dejar a tanta gente vestida y alborotada para la fiesta del final de los días y, en cambio, salen con una nueva fecha diciendo “¡ahora sí!”.

La profecía maya en sesenta segundos

La “profecía” no es tal sino la descripción de un hecho matemático a la luz de la concepción maya: el 21 de diciembre de 2012 a las 11:11 de la mañana (se le llama “hora universal”) se acaba el Gran Ciclo del Antiguo Calendario Largo maya. Ese ciclo habrá durado hasta ese momento 5125 años y se le conoce como los 13 Batkuns.

Punto. En ninguna parte en sus leyendas habla de lluvia de fuego o de sapos, de océanos que se desbordan del planeta. No es muy diferente a que digamos que 2009 se acaba a las 12 de la noche del 31 de diciembre.

Eso es lo que los mayas se han desgañitado tratando de decir desde la península de Yucatán, pero los libros, películas y sites dedicados a “enriquecer” (temible verbo) la profecía no los dejan oír: no vamos a dejar un asunto tan importante como el fin del mundo en manos de unos desarrapados en las selvas de Chichén Itzá. La cosa se ha vuelto tan delirante que hay “puristas” que aceptan que sí, que Emmerich es un farsante, que la profecía no habla de planetas alineados sino que el sol va a ponerse en un ángulo especial con el núcleo de la galaxia y desde allá saldrá un rayo que lo destruirá todo a su paso hasta acabar en el sol. Según la teoría de la relatividad, el rayo supongo que salió hace millones de años y está en viaje (o como es un rayo maya y además profético y los mayas no sabían que nada puede viajar más rápido que la luz, entonces este rayo está exonerado de las reglas físicas, no sé)… pero eso no impide que estos tipos vayan a explicarles a los mayas con todo amor lo que su profecía realmente quiere decir.

Pero la concepción maya del tiempo en espiral es benigna, sólo que es incompatible con nuestra visión apocalíptica. Ese nuevo comenzar no es con otras personas buenas ni significa, como en el mito del Arca de Noé (el de la Biblia o el de Emmerich) limpiar el mundo de la maldad para comenzar otra vez. Significa un escalón más alto en un desarrollo continuo e infinito hacia nuestro destino como especie. Pero eso, claro, no vende boletas…

“El símbolo perdido”, la obra más reciente de Dan Brown, lo deja a uno con la sensación de que Estados Unidos fue un país diseñado íntegramente por masones, que todos sus símbolos son los propios de una logia y la nación viene a ser precisamente una logia gigantesca.

“El código Da Vinci” generó una pequeña industria de autores dedicados a revisar las claves del libro, desmentirlo o apoyarlo, reivindicar a los malos o gritar “al fin alguien dijo lo que se sabía hace siglos!”. Ahora “El símbolo perdido” va por el mismo camino.

George Washington con los atributos de la masonería, como aparece en el Scottish Rite Journal, 1992. Lo reparten en el George Washington Mason Memorial

Una nación de masones

Para funcionar, el libro debe apelar a supuestos que deja convenientemente entre sombras. Básicamente tenemos que creer que todos los padres fundadores de los Estados Unidos, es decir los firmantes de la declaración de independencia, eran masones. O al menos los más importantes: Washington, Jefferson, Franklin, quienes gracias a su prestigio consiguieron imponer una visión para su nación aprendida en los umbríos salones de la masonería.

La declaración de independencia. Es un cuadro curioso, casi parece hecho para el libro de Brown: aunque el documento lo firmaron muchas más personas, aquí sólo aparecen los más eximios masones del grupo: Franklin, Jefferson y Washington

Ahora bien, los masones como protagonistas de conspiraciones ya están desgastados. Sus templos aparecen en los listines telefónicos (“¿Alo? ¿Me puede decir cómo me inscribo, que yo también quiero dominar el mundo?”) y hay miles de libros dedicados al tema. Y sí, Washington, Jefferson y Franklin eran militantes masones.

Para subsanar ese problema y apuntalar su trama, Brown recurre a “círculos dentro de círculos” y llama en su ayuda a los Illuminati, los Rosacruces, los Alumbrados y todos los místicos que se encuentra entre los siglos XVI y XVIII, haciendo un galimatías que parece sustentar su erudición. Así, los “masones” no son los masones corrienticos, sino una especie de “supermasones”. Y Washington y compañía eran parte de esa jerarquía, dedicada a custodiar un gran secreto y fundaron una nación solo para eso.

En el libro hay un imperceptible chauvinismo: en la vida real los masones no aparecieron en Estados Unidos sino en Francia y algunas zonas de Alemania e Italia. Haciendo abstracción de que George Washington fue un gran militar y político pero no se le conocen luces en filosofía (tiene cartas de amor que hacen pensar que los masones están en deuda con él por no haber escrito nada para ellos) y que hay logias en países tan inopinados como Mozambique, por qué iba a parar semejante poder en los pantanos de Washington, cuando la ciudad ni se había fundado? Porque el libro lo escribe un norteamericano para norteamericanos, y conste que no soy antiyanqui.

Los masones no son un cuerpo colegiado mundial con cabeza centralizada. No son una religión, no son una iglesia, no son una empresa con junta directiva. Ni siquiera comparten los mismos ritos: la palabra “masón” usada sin más es como decirles “americanos” a los soldados de la Unión y a los de la Confederación en la Guerra de Secesión; la etiqueta es cierta, pero el diablo se esconde en los detalles. Masones eran Washington y algunos de sus compañeros, pero también varios ministros ingleses. Y para no ir muy lejos, un masón, Pinochet, derrocó a otro masón, Allende.

Un país de puritanos

Washington y los demás próceres americanos eran masones, pero también cultivadores de marihuana (por lo menos él y Jefferson lo eran) y a nadie se le ha ocurrido montar una conspiración basada en eso. La verdad simple es que Estados Unidos no está más cimentado en principios masónicos de lo que puede estarlo en ideas para cultivar cannabis: su sustento es mucho menos romántico, no sirve para hacer películas, pero está documentado y no comenzó con la Declaración de Independencia sino casi 300 años antes.

Cuando se desató la Reforma algunas naciones permanecieron a rajatabla con el catolicismo (España) algunas pasaron guerras civiles definiendo su vocación (Francia), algunas se volvieron definitivamente protestantes (Dinamarca, Suecia, el norte de Alemania). Pero una quedó en una extraña tierra de nadie.

Enrique VIII de Inglaterra

El rey Enrique VIII de Inglaterra había merecido el título de “Defensor de la fe” y un vociferante crítico de la Reforma. Pero quería divorciarse porque estaba enamorado de otra mujer. Resulta que su esposa era Catalina de Aragón. Resulta que Catalina era tía de Carlos V, rey de España y Sacro Emperador. Y resulta que Carlos V tenía invadida media Italia y el papa sabía lo que se le venía pierna arriba, así que no le concedió el divorcio al rey inglés. Y este procedió a declararse cabeza de la iglesia nacional inglesa y desobedecer al papa sin tocar la doctrina.

Algunos protestantes se sentían cómodos con esta nueva confesión pero otros querían establecer una iglesia calvinista y puritana, es decir, aplicando en estado “puro” los preceptos bíblicos. Sus principios eran: (1) la riqueza es un símbolo del favor divino y por tanto no puede ser mala; (2) la voluntad popular es la única fuente legítima de poder de los gobernantes; (3) se puede delegar ese poder mediante un sistema electivo; (4) clérigos y laicos debían tener igual nivel de autoridad; (5) no debía existir ningún nivel de dependencia o alianza entre la iglesia y el estado.

Calvino estableció las bases de lo que podríamos llamar un sistema democrático cuando “democracia” bien podía ser un desorden mental. Llevaría siglos responder las preguntas de cómo aplicar esos principios… pero Estados Unidos estaba en una posición privilegiada para eso, pues allá mandó Inglaterra a sus puritanos en una especie de destierro, dándoles inmensa autonomía. Era un laboratorio perfecto para investigar, reflexionar y, finalmente, poner a andar una nueva forma inédita de organización.

La Biblia enseña que el hombre es hecho a imagen y semejanza de Dios (no vamos a meternos en si es o no cierto; los calvinistas seguían literalmente el Libro) pero el mal es una realidad; por ello, el poder tiene que dividirse para que no acabe en pocas manos y su ejercicio debe controlarse. Esta concepción ya había llevado a los calvinistas a establecer un sistema de gobierno eclesial de múltiples estancias que se frenaban y contrapesaban; Estados Unidos solo aplicó a la política lo que ya era un experimento religioso. Esa es la génesis de ese peculiar experimento que son los Estados Unidos de América, no la idea de refundar Roma o el producto de unas mentes preclaras que se inventaron solitas en diez años la nación que querían.

La declaración de independencia de los Estados Unidos. Este pobre documento se lo han robado no sé cuántas veces en novelas y películas, como National Treasure u "Honor entre ladrones" de Jeffrey Archer

En resumen, los puritanos trasladaron desde sus iglesias, en un viaje que duró siglos, su forma de organización política a la nación. Que Washington y los suyos fueran masones vende libros pero más allá de alguna aparatosa simbología, poco incidió esa forma de pensar en la fundación de la nación.

El fenómeno de los extraterrestres es de los más curiosos de la historia. En cierto sentido nos han acompañado desde siempre, con nombres y atributos diferentes, disfrazados de deidades o sus secuaces, incluidos dentro de algún sistema religioso místico o en forma de figuras literarias, pero siempre, a medida que hay algún salto tecnológico se redefinen a sí mismos y es como si el fenómeno fuera completamente nuevo.

En todo caso, la interpretación del fenómeno siempre es una reelaboración de la tecnología y el conocimiento de ese momento, pero siempre el mito recomienza sin solución de continuidad. El carro de fuego que se llevó a Elías seguramente era eso, un carro de guerra halado por caballos envuelto en llamas, no muy diferente del que conduce el dios griego Helios. Pero hoy en día eso se ve primitivo, prosaico, mitológico así que los dibujos actuales conciben el carro como una Battlestar Galactica.

El más reciente (y no será el último) pico de esa fiebre fueron los X-Files. La idea de que existan alienígenas entre nosotros no es nueva, pero la serie tocó una fibra sensible: la “certeza” de que el gobierno de los Estados Unidos ha encubierto ese conocimiento pues, en algún lugar, en una instalación supersecreta, tienen extraterrestres trabajando para ellos, a las buenas o a las malas.

Antes fue Kolchak

Kolchak, the night stalker apenas duró veinte capítulos en 1974 por la tiranía del rating. Sin embargo, luego de que Chris Carter, el creador de los X-Files dijera que ésa había sido su inspiración la popularidad de la serie en Sci-Fi Channel, DVD y la novela que inspiró la saga se disparó.

Esta serie tiene temas que reconocerían los fanáticos de X-Files. Se trata de un reportero que lucha por desenmascarar una conspiración dedicada a encubrir fenómenos paranormales; entre otros adversarios, persigue vampiros alquimistas, aristócratas de otras dimensiones y, con algo más de tiempo, se las hubiera visto con el Chotacabras y la Llorona. Vive en Seattle, una ciudad que con su lluvioso y agreste paisaje quedó etiquetada para siempre en este tipo de producciones.

Kolchak bebía de otras fuentes hoy olvidadas como The Outer Limits y Dimensión Desconocida, que establecieron entre ambas una “nueva” narrativa. Las comillas son porque, aunque los temas a caballo entre la ciencia ficción, la literatura fantástica y la vida cotidiana eran nuevos en televisión, no eran ninguna novedad en la radio de los cuarenta, la maestra y nodriza de estos guionistas.

Estas dos series crearon dos vertientes tan diferenciadas que a veces es difícil creer que tienen un antepasado común (a los de la ciencia ficción ”inteligente”, como X-Files o Lost les produce repelús ese ancestro maldito). Por un lado, crearon la ciencia ficción pura, cuya magna opus fue Star Trek y de la cual saldrían Viaje al fondo del mar, Tierra de Gigantes, Perdidos en el espacio, Cosmos 1999. Gene Roddenberry, creador de Star Trek, siempre reconoció su deuda con The Outer Limits y William Shatner, el capitán Kirk, se formó como actor en Dimensión Desconocida. La otra vertiente fue menos aparatosa, más teñida de misticismo, que se valía de la clave fantástica para explorar el mundo real. De aquí salieron Kolchak, Dr. Who, Zafiro y Acero, Alguien nos mira y otros intentos poco resonantes que tendrían su reivindicación con los X-Files, Lost y Fringe.

Así que hay una línea directa desde los radioseriales hasta los X-Files y, por mucho que no les guste a quienes juran que sí ven televisión pero solo productos muy intelectuales, la verdad simple es que genealógicamente sólo una línea muy delgada separa a Millenium de Automan.

El proyecto Libro Azul

Otra serie impactó tan fuertemente en los X-Files, que es imposible creer que Chris Carter no la conocía. Proyecto UFO (UFO se llaman los Ovnis en inglés) emitida entre 1977 y 1978, menos de cuarenta episodios, llamó la atención sobre las actividades (ciertas) de la fuerza aérea de Estados Unidos investigando el fenómeno ovni. El razonamiento no puede ser más sencillo: si la principal potencia del mundo, con sus aparatos, se dedica a estudiar el fenómeno es porque hay un fenómeno, lo que significa que hay ovnis y por tanto amerita meterle al tema millones de dólares porque ya se sabe lo harapientos que son los gringos… conclusión, sí hay extraterrestres.

La verdad es más pedestre, con lo cual no quiero decir que no haya extraterrestres y que no tengan montado un gobierno mundial. Pero en lo que tiene que ver específicamente con estas series, la cosa sí es otra.

El proyecto Libro Azul sí existió (existe, clamarán otros, aquí entramos a ese pantanoso terreno de las conspiraciones, donde basta negar algo para que sea cierto) pero hay que ponerlo en contexto: los años cincuenta. Estamos hablando de la guerra fría, los soviéticos y el naciente campo de la ingeniería aeroespacial y su aplicación al espionaje. Las naves, las cámaras eran cada vez más y más avanzados pero también más secretos. Y entre todo eso había que separar los ovnis (amigos o enemigos, pero en todo caso impredeciblemente peligrosos y mejor no ir a dispararles por error) de las malévolas naves rusas. Y se le pidió ayuda al público, más o menos como si fueran una milicia de vigilancia aérea. La pregunta no era ¿hay vida extraterrestre? Sino ¿son peligrosos para la seguridad nacional?

Muy pronto los canales se vieron desbordados por los avistamientos y se adoptó el enfoque contrario: se le pidió a los periódicos, a los estudios de Hollywood e incluso a Walt Disney que ayudaran a calmar la fiebre. La tarea tuvo dos resultados: uno, los científicos participantes en el proyecto, que se vieron sin puesto, salieron a gritar que todo era un complot del gobierno que necesitaba silenciarlos. A ver… ¿cómo más quieren que justifique en su currículo ese tiempo de servicio un científico que ahora sólo se veía vuelto una mofa? Por mucho menos otros desempleados han dicho cosas más horribles de sus antiguos jefes. Y dos, la negación se volvió inmediatamente aceptación en el paranoico clima de los cincuenta.

U2. Y no es la banda

Las cosas se iban a complicar más cuando la tecnología real se volvió supersecreta y Estados Unidos tuvo que aplicar su imaginación a negarla.

El avión U2 volaba muy por encima de los radares y por tanto sobrevolaba la Unión Soviética en un flagrante caso de invasión. El avión cada tanto era avistado por aviones comerciales (en la forma de un veloz reflejo luminoso muy arriba) o, cuando ya estaba descendiendo, en forma de atronadora nave supersónica. ¿Se pueden imaginar ustedes el efecto que causaba semejante aparición?

Pero Estados Unidos lo tenía que negar, así que el Proyecto Libro Azul se convirtió en una máquina productora de “burbujas de gas”, “globos meteorológicos” y otras lindezas que no compraba ni el más ignorante granjero del medio oeste. Un avión que no existía, explicaciones increíbles… ¡pues claro que son ovnis! ¡Extraterrestres! ¡Están llegando! En poco tiempo alguien los vio desembarcar, empezaron a secuestrar gente (que a veces aparecía con algún amante en otra ciudad) y así.

Todo se vino a saber cuando accidentalmente los soviéticos derribaron uno de estos bichos, pero el daño ya estaba hecho. Y sobre todo, el proyecto Libro Azul definitivamente no se necesitó más, pero su sola existencia se ha convertido en la demostración de que, si no hay una gran conspiración para ocultarlos, al menos es un hecho que los ovnis si vienen. No lo niego, tal vez sea así, pero los argumentos nacen más de una mezcla de literatura pulp, radioteatros, efectos especiales, paranoia, espionaje, geopolítica, todos mezclados en un coctel que jamás ha perdido su atractivo hace milenios, ahora vestido a la manera que esperamos en la actualidad.

Hace 21 años, estudiando comunicación social, un compañero iba perdiendo taller de televisión y, en un gesto desesperado, le apostó al profesor las cinco décimas que necesitaba a cambio de demostrar que existían los mensajes subliminales.

Mi compañero llevó un video donde se mostraban las horribles blasfemias de Pink Floyd o de Led Zeppelin y varios ejemplos de cine y televisión. Todos quedamos anonadados de ver a perversos sujetos hurgando en nuestras mentes con sucios propósitos mercantilistas y nos preguntamos si Benetton o Polo de verdad nos gustaban, o había un tipo en un salón oscuro manipulándonos. El profesor, más práctico, le dijo a mi compañero que había demostrado que había un video sobre mensajes subliminales pero no necesariamente los mensajes. Ese día aprendimos que los días sin clase producían las mejores charlas de cafetería para sonar inteligentes. Y mi compañero supo de la estadística avanzada, muy necesaria para demostrar nada en sicología de masas, y que un video, por divertido que sea, no las reemplaza: tuvo que repetir la materia.

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Pintura (no sé qué tan fiel sea) del Bill Meier's Riviera de Fort Lee. El único teatro de un pueblo que se supone movió casi medio millón de espectadores a ver una película durante un mes en los experimentos de mensajes subliminales

La historia

Pero de todas las historias de los mensajes subliminales en cine y TV la que más recuerdo (y no es mérito mío: la leyenda reaparece sin parar desde hace cincuenta años) es más o menos así:

“Una vez” “en un teatro de los Estados Unidos” se hizo un experimento. “En una película” se insertó un fotograma “cada cierto tiempo, pero muy rápidamente” que no alcanzaba a ser percibido por los espectadores, donde decía “Coca Cola” en la clásica grafía blanca sobre rojo. El experimento duró “varios días” pero cada día, sin falta, la gente, presa de sed diabólica, tenía que ir a la cafetería a comprar Coca-Cola. Resulta que no encontraba con amables chicas atendiendo la cafetería sino amables chicas haciendo encuestas y le preguntaban al pobre dispéptico a qué venía. El sujeto, aflojándose la corbata y acezando, decía que iba a buscar Coca-Cola, a ver si le daban permiso… Sí señor, pero otra preguntita ¿usted siempre toma Coca-Cola? No, la verdad no, decían algunos, sometidos al tormento de cambiar la añorada bebida por preguntas idiotas, pero hoy sí quería…

No es difícil imaginarse por qué la historia fue un boom, en especial en 1957. A medida que la versión se pule con el paso de los días y los años, la ley de causalidad fáctica entra a hacer de las suyas. Verán, la ley fáctica dice que los números ejercen poder de validación automático en cualquier discurso: no es lo mismo decir “ayer vi unos elefantes volando” que decir “Ayer a las 3:17 de la tarde vi ocho elefantes volando a cuarenta centímetros del suelo al frente de mi casa”. Gabriel García Márquez ha hecho del dominio de esta ley una herramienta extraordinaria.

La ley fáctica introdujo los siguientes detalles: los experimentos ocurrieron en 1957, en Fort Lee, New Jersey, mientras daban la película Picnic, a lo largo de seis semanas y acudieron 45,699 visitantes. El logo de Coca-Cola se insertó en la cinta usando un taquitoscopio a razón de un fotograma cada cinco segundos, expuesto durante 1/3000 segundos. Y los resultados es que el consumo de Coca-Cola aumentó 18,1% durante esos días.

Taquitoscopio, 1/3000, porcentajes … Los detalles se asentaron. La CIA publicó un informe sobre el impacto de la publicidad subliminal y los diabólicos designios soviéticos para lavarle el cerebro al americano promedio. El congreso de los Estados Unidos emitió normas, razón por la cual los genios de Madison Avenue exportan esta publicidad y la usan para someternos a los pobres tercermundistas (cosa que demuestra inequívocamente que en la casa de Hugo Chavez no había televisor) y Ph.Ds de las grandes universidades de Estados Unidos se han dedicado al tema.

Los protagonistas

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Vance Packard firmando su libro

El primero en invocar el concepto, sin nombre, fue Vance Packard, en su libro Hidden Persuaders, con el cual estableció lo que algunos benévolamente llaman sociología de masas y otros, malévolamente, sociología pop. Packard vendió millones de ejemplares de su texto, que denunciaba las técnicas que estaba usando la industria de publicidad: fue él quien llamó la atención sobre la aplicación de modernas técnicas para manipular las motivaciones de los consumidores.

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Su libro puede ser discutible y muchas de sus ideas han sido rebatidas, pero en ese momento era bien intencionado y llamó la atención sobre un fenómeno que había crecido sin control. Fue entonces cuando James Vicary acuñó el término “publicidad subliminal”. Vicary ya era conocido por haber medido la velocidad de parpadeo en las góndolas de los supermercados y el efecto del color, la sicología de las estaciones y la verdad es que era atractivo, si no del todo convincente. Entonces procedió a dar un paso adicional con los experimentos de Fort Lee los cuales, cuando los dio a conocer, desataron un rugido de ira por todo Estados Unidos.

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James Vicary exponiendo sus hallazgos ante una feliz audiencia de empresarios de publicidad. Foto del archivo de la revista Life

El cuento no sólo llamó la atención por su aparente cientificismo sino porque llegaba en un momento preciso: el temor un holocausto nuclear, los chinos, los juicios de McCarthy, Cuba, los rusos… la idea no sólo resonaba en la mente de la gente, sino que era perfecta para alimentar la paranoia. Los sicólogos estaban de fiesta al presentarse como sumos sacerdotes que no manipulaban al mundo sólo por ética, pero no por no saber cómo. La CIA publicó su informe, el congreso se dedicó al tema; uno tras otro entraron al baile más grupos de interés que tenían algo que ganar de esa historia.

Había una voz solitaria: Henry Link, presidente de la American Psychology Asociation, la entidad de más prestigio en el mundo en psicometría. Link desafió a Vicary a repetir sus sus resultados y al final el “investigador” reconoció que todo era un fraude. Insatisfecho, Link siguió presionando y en una sola visita a Fort Lee, demostró que era imposible que el teatro hubiera acogido tantas personas.

El desenlace

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El ejemplo más famoso del libro "Subliminal Seduction". Los cubos de hielo en el vaso a la derecha dicen algo parecido a "sex"

Pero el sensacionalismo era mejor. Y ni los psicólogos ni los políticos ni los académicos querían reconocer el engaño. Fue así como en 1974 se pasó una ley prohibiendo la publicidad subliminal “por ir contra los intereses del pueblo”. Quienes la citan diciendo “¡Cómo será qué…!” no citan que también dice “exista o no”. Para ese año el tema ya estaba casi muerto, pero en Subliminal Seduction William B. Key lo resucitó. La verdad es que muchos ejemplos de Key no los alcanza a ver nadie más que él, pero hasta hoy citan su libro (con la sigla mágica Ph.D) para mostrar que “un experto en comunicaciones” ha demostrado la existencia de la publicidad subliminal.

La verdad es que dicha publicidad sí existe, aunque no de la forma de la historia de Fort Lee, sino como dibujos ocultos en afiches e impresos o en fotos que pasan a gran velocidad. Pero lo que nadie ha demostrado, y se hacen estudios diferentes todos los años desde 1960, es que influyan en la decisión buscada

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“Virgen”: del latín Virgo, “doncella”, que viene de una raíz similar a Virga, una rama que nunca se ha roto, de donde viene aquello de las vergas de los veleros y otras no tan navales: etimológicamente el símbolo de la pureza femenina y de la agresividad masculina vienen de exactamente el mismo lugar ¿no es curioso? Como para los orgullosos homofóbicos…

Vamos a hacer una serie breve sobre la virginidad en las religiones occidentales, pero para eso vale la pena empezar con un poco de contexto.

La virginidad parece un concepto bastante preciso y contundente: se es o no se es virgen; la rama se ha partido o no. Pero resulta que el concepto tiene una gran cantidad de variantes:

x En algunas culturas una mujer que no se ha casado sigue siendo virgen aunque sea una prostituta, sólo a través del matrimonio pierde la virginidad: el día de su matrimonio es tratada como virgen, se le viste de blanco y es su esposo quien la “hace mujer”, para usar esos lamentables eufemismos de radionovelas de los años cincuenta.

x En otras partes una mujer casada sin hijos sigue siendo virgen: la virginidad se pierde solo cuando el primer hijo pasa a través del canal vaginal, es decir no es el “comercio carnal” (sigamos repasando eufemismos lamentables) sino la maternidad lo que destruye la virginidad.

x Algunos pueblos temen la “sangre de una doncella”, así que un hombre se casara solo con una mujer cuyo himen haya sido destruido por un extraño cuyo oficio es “desflorar” vírgenes. El trabajo se considera arduo y el hombre valiente (a mis amigos, que sé que me van a preguntar: no, no sé dónde se pueden pasar currículos para ese puesto). Esta mujer le ofrece a su esposo la forma más pura de virginidad, pues el sexo no presenta riesgo.

Si estas definiciones nos suenan absurdas, recuerden nuestra propia definición: en la sociedad occidental una mujer es virgen hasta que tenga sexo vaginal, el sexo oral o el anal o las caricias están excluidas de la limitación, así sea con tres docenas de hombres a la semana.

Desflorando novias con consoladores sagrados

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¿Quien dijo que todo esta inventado? El 20 de marzo de 2009 msnbc.com reportó que una mujer ingresó de urgencias a un hospital de Lexington Park, Maryland por "heridas inusuales". Para ponerle picante a su vida de pareja, intentaron algo nuevo: un juguete hecho en casa. Su esposo le pegó un consolador a una sierra eléctrica para usar el alto poder de la sierra. NATURALMENTE pasaron dos cosas: en dos o tres segundos la velocidad de la fricción hizo estragos en las paredes vaginales y en menos de cinco segundos la sierra rompió el caucho... Supongo que algún dia se reirán mucho juntos del incidente

Un consolador es cualquier objeto diseñado (o creativa y rápidamente adaptado) para ser insertado en la vagina o el ano. A diferencia de los vibradores, el consolador no vibra y su función básica es martillar.

Una típica novia actual llega al altar sin ser virgen, sea a manos de su futuro esposo, un novio anterior, un encuentro de una noche, un consolador, una orgía, un bate o un caballo, al decir de algunas leyendas urbanas y al gusto de cada cual. Pero en muchas culturas la chica perdía la virginidad a manos de los sirvientes de su futuro esposo para ahorrarle la tarea.

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Frontis de "Manual del amor conyugal" de Nicolas Venette. No es demasiado raro, se puede ver en la Biblioteca Nacional de Colombia y, según me dicen, en la del Colegio de Buenos Aires

Decía Nicolas Venette, santo patrón de los sexólogos (en realidad ningún santo, el primer médico que se dedicó a estudiar y escribir específicamente sobre la función sexual diferenciándola de la reproductiva) en el siglo XVII:

No me sorprendería si los fenicios, como se dice, hacían desflorar a sus hijas por sirvientes masculinos de la casa en cuanto llegaban a la pubertad para volver sus genitales más adecuados para el placer en su lecho matrimonial. Es imposible predecir el desagrado y el dolor que tendrá que sufrir una pareja en esa tarea; lejos de encender la pasión de su mujer, es más probable que consiga ira y dolor en ella y se convierta su esposo no en un tierno amante sino en un recuerdo aversivo y ella quedará obligada a buscar un amante que no le recuerde ese horrible momento.

Grecia, Roma, Africa, Arabia…

En Grecia desvirgar una chica “en edad de merecer” (de una familia aristocrática era común. Su himen era perforado por el pene de piedra (literalmente, no es para que algunos se ilusionen con metáforas…) del dios Priapo, de la fertilidad. Digo literalmente porque la vuelta la hacía una estatua y así la chica no sólo quedaba recalibrada para el matrimonio, sino que tenía garantizados muchos hijos por su primer amante.

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Parece una locura, pero tengan en cuenta que en esa época las mujeres eran más valientes... Monumentos fálicos en la isla de Delos

En una era de adoración al falo (buenos tiempos…) era común que las estatuas tuvieran orgullosos miembros que jugaban papel como consoladores, y nunca mejor dicho, para vírgenes y mujeres infértiles. Hoy se ven en Delos penes de piedra que servían en esas ceremonias, algunos de más de un metro (Sin preguntas. Algunos estarán pensando en la cara de estas chicas mientras decían entre risitas “¡Pero es una locuraaaa!”)

En la antigua Roma había una variante. Una cruel definición de espanto dice que es mezclarle arena a la vaselina y Talking Heads bautizó su recopilación Sand in the vaseline. Pues bien, en la antigua Roma el “dios” encargado de hacer esta aburridora tarea era Liber, cuyo miembro era lubricado (juro que así dice el texto) con arena para asegurar que la tarea quedara completa.

Durante su fiesta, las Liberalia, al comienzo de la primavera, se entraba a la ciudad un falo de dos metros (un tronco, al que diga que tiene medidas similares no le crean) y una doncella pretendía tener sexo con el arbolito y luego le ponía una corona, asegurando otro año de fertilidad para Roma. ¿Absurdo? Las Liberalia facilitaron una tradición pagada detestada y seguro ni uno solo de ustedes la ha visto: el árbol de navidad.

Ahora, los consoladores y la relación con las vírgenes, como todo, tienen una pesada carga cultural. Hasta comienzos del siglo XX había desfloración artificial ritual en algunos pueblos de Africa.

La primera noche del matrimonio estaba llena de peligros para el hombre, por el sangrado. El trabajo de desflorar a las doncellas (y no es una forma de hablar: era un trabajo) con artefactos de forma fálica o un miembro auténtico quedaba relegado, nada de reservado, al hombre más piadoso de la tribu ¡Que les digan que la piedad no trae su recompensa! Debido a que era un religioso al que no le interesaba el sexo, estaba protegido de la contaminación y la posesión demoniaca. Quedaba a su gusto (literalmente, pues la atracción tendría algo que ver) si procedía con un consolador o su pene. El consolador, en especial si la mujer iba a ser entregada a un rey, era de marfil con la figura de un dios de la fertilidad. Nada cómodo pero ya quedo dicho que era un trabajo; si el hombre no disfrutaba, ella tampoco!

Finalmente, ni en la Biblia ni en ninguna parte se nombra la fruta prohibida del Edén. Los árabes, que comparten el mito con los judeocristianos no piensan que fuera la manzana sino el banano. Adivinen por qué…

Justice

Ya vimos que los nativos de Libra se preocupan por la simetría y el equilibrio. Desde el punto de vista arquetípico esto significa buscar justicia. Temis es una de las muchas deidades en la historia con las cuales se ha pretendido solucionar un difícil problema religioso: ¿por qué existe el mal? Y sobre todo ¿qué debe hacer el hombre ante él?

Cada religión ha tratado de contestar ese problema de diferentes maneras, pero lo cierto es que el mal parece un truco tramposo, puesto para probar lo que si el mal no existiera entonces no necesitaría ser probado: el temple de cada individuo.

Eso está en el corazón de eso que llamamos la ley: la justicia es la organización de la venganza o, más suave, de la retribución. La ley del talión, la pena de muerte o la amputación de la mano del ladrón son expresiones distintas del mismo problema. Pero más allá de la falible y porosa ley humana, el hombre ha necesitado creer en una ley superior que no se equivoca jamás y alcanza a cualquier delincuente: una ley perfecta.

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Una interpretación moderna de las Moiras. Tomada del blog de FantasyArt

 

Los hilos del destino

Las Moiras o Parcas son tan misteriosas que ni se sabe de dónde salieron. En algunas versiones son hijas de la Noche y el Caos, anteriores a todo y el mando de Temis es más un puesto honorario. En otra versión eran hijas de Temis con Zeus, lo cual haría doble su subordinación a la jefa del aparato judicial olímpico. Sin embargo, hay poemas que muestran que hasta el propio Zeus yendo a pedirles cacao por el puesto que les estaban dando en su tapiz.

Y es que las Moiras son las santas patronas de la textilería: tomaban los hilos de la vida de cada persona y los unían o los separaban según como les pareciera que les quedaba más bonito el tapiz. Qué iban a hacer con semejante tapiz, de dónde lo iban a colgar o qué iban a alfombrar no me pregunten; el asunto es que si les parecía que Juan se venía bonito con María en su confección procedían a juntarlos y entonces ni Juan ni María ni la esposa de Juan (si la tuviera) o el mozo de María podrían hacer nada.

Las Moiras se aparecían al tercer día de nacida una persona para conocerlo y, especulo yo, para acomodarlo en su tejido. Le daban al recién nacido una serie de hilos blancos (de buena suerte) y negros (de mala suerte) que caracterizarían su vida (mi amigo Andrés Meza me ha prestado “La saga del retorno” de Orson Scott Card que tiene en esto de los hilos un dispositivo fugaz pero crítico en la trama). El criterio era el puesto en su tapiz.

No es muy justo que uno acabe teniendo una vida miserable porque a unas tapiceras se les pegó la gana darle a uno tal o cual puesto en un tapete, pero la cosa se pone peor. Las Moiras se encargaban de diferentes cosas y uno podía caer en la mitad de una pelea entre las tres, una situación temible. Cloto manejaba la rueca, es decir, era la encargada de la obra de arte; Lakesis pesaba el tejido de la vida de cada persona y resolvía cuánto debía durar su vida; y Atropos, la ciega, tenía unas tijeras con las cuales cada tanto tomaba lo que habían hecho sus hermanas y lo cortaba, sin importar si era viejo o joven ni cuánto hilo le hubiera dado Lakesis. Ahora, que si toma una manotada entonces se estrella un avión o cae una bomba.

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La ira del infierno

Obviamente el resultado del trabajo de las Moiras es fortuito. Los griegos tenían otras deidades encargadas específicamente de la venganza, las Erinias o Furias, anteriores a los dioses olìmpicos: cuando Crono, el titán, castró a su padre Urano, la sangre que cayó al mar se convirtió en estas deidades, por lo cual desde su nacimiento estuvieron marcadas por la sangre, la venganza y el castigo. No se someten a Zeus, que cada tanto va a hablar con ellas para convencerlas que suelten a tal o cual fulano, cosa a la cual estas chicas rara vez acceden. Pero en cambio sí obedecen a Temis.

Las Erinias vivían en el Erebo, un departamento del infierno del cual sólo salían a atormentar a los criminales, en especial los que hubieran cometido algún delito de sangre, muy en especial si la víctima era un familiar del criminal. Tenían cabelleras desgreñadas de serpientes, ojos llameantes, dientes puntudos y afilados. 

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Las erinias atormentaron a Orestes por haber matado a su propia madre, quien a su vez había matado a su esposo y padre de Orestes para quedarse con su amante. La mujer sentada con la mano levantada es Atenea, que convenció a las Furias de dejar en paz a Orestes a cambio de tener su propio culto en Atenas; desde entonces se les conoció también como "las benévolas"

Absolutamente ningún delito se les pasaba y en cuanto alguien cometía uno, de inmediato se lanzaban sobre él a atormentarlo, no dejarlo dormir, no dejarlo comer y llenarlo de pequeñas y grandes desgracias hasta que el sujeto enloquecía o se suicidaba.

Las Erinias también eran tres: Alecto (“la implacable”) castiga los delitos morales; Tisífone (“la vengadora”) castiga los delitos de sangre y la que más temen algunos amigos míos, si saben lo que les conviene, Megera (“la seductora”) que castiga los delitos de infidelidad. Ya sé que es entre irónico y tramposo que a uno lo juzgue por infiel una deidad que se llama “seductora” pero así son estas cosas…

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A ver el guapo que se come este plato frío…

Las Erinias ya eran algo mejores que las Moiras, pero la que organizaba las cosas, jefa de sicarios y de la policía secreta de Temis, árbitro de todo lo divino y lo humano y que no iba a atender tonterías de nadie, incluidas las Morias, las Erinias, Zeus o el que fuera, excepto su jefa, era Némesis.

Némesis es la diosa de la justicia retributiva; la que ejecuta aquello de “el que la hace la paga”. Sus dominios eran inmensos: castigaba a los arrogantes, a los hijos desobedientes, a los perjuros, a los que se burlaran del amor honesto y a los que mandaban sin tener mérito. Era la encargada de traerle desgracias a alguien que hubiera sido demasiado bendecido por la fortuna para garantizar el equilibrio y aplicaba castigos fulminantes a cualquiera que hubiera tratado de salirse de su puesto en el mundo: si un “malo” rechazaba su destino y trataba de ser “bueno” también se las tenía que ver con ella, pues igual estaba rompiendo el orden establecido.

Sirve a los designios de Zeus, siempre que no chocara con los planes de Temis. Y sus castigos brutales eran aquí y ahora; nada de esperar a la otra vida. Némesis es una solución elegantemente simple al problema del mal: se necesita para equilibrar el mundo y por tanto, cuando los malos son recompensados viene a ser un pago a servicios prestados; en otras palabras, hicieron bien su papel de malos.

Y esa es la preocupación de los Libra: el equilibrio, el dar a cada quien lo suyo y asegurarse de ser coherentes en un vasto plan universal al cual ellos son bastante sensibles, aunque rara vez están en capacidad de explicarlo. Y la responsabilidad, con frecuencia, les destroza los nervios a los pobres, que por eso oscilan tanto en sus posiciones e ideas, para desesperación de quienes no afrontan la carga de luchar por una coherencia inalcanzable.

El arquetipo

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Richard Chamberlain como el Conde de Montecristo. Pocas historias más poderosas para ejemplificar el arquetipo de la justicia/venganza que la historia del marinero injustamente apresado, que permanece en una mazmorra quince años para fugarse y apoderarse de una inmensa fortuna que le permite vengarse de sus enemigos. Como dato al margen, gran parte de la historia fue real; Dumas, el autor del libro, se inspiró en un caso policial muy similar a la esencia de la novela.

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Aaron Eckhart como Harvey Dent /Two Face en The Dark Night. Aunque no tenga grandes poderes, desde el punto de vista arquetípico es una pesadilla: un criminal que resuelve ejecutar sus fechorías o no según el resultado de una moneda, una actualización del mito de las Moiras.

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El propio Batman es un ejemplo de este arquetipo. A diferencia de otros superhéroes, a Batman lo mueve la motivación elemental de la venganza por haber perdido a sus padres y su comportamiento, en su concepción original y antes de ser edulcorado por la Liga de la Justicia, era más propio de un vigilante que de un justiciero.judge-dredd-movie-2

Judge Dredd, de la serie de comics 2000 AD (encarnado por Sylvester Stallone en un papel que inexplicablemente no mató la historieta para siempre y que ojalá no hubiera existido… pero existió) Integrante de un mundo distópico en el futuro, Dredd forma en un grupo que son policía, jueces y verdugos simultáneamente, en una especie de versión cibernética de Némesis.

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La catedral de Colonia (una de las primeras iglesias en estilo gótico (el gótico fue un estilo francés, el nombre no tiene nada que ver con los godos sino con la palabra griega goetia que significa “magia”) se levantó en una ciudad pujante en el río Rin y su príncipe era arzobispo y príncipe elector del Sacro Imperio y deseaba una catedral que no sólo magnificara su prestigio y el de la ciudad, sino que atrajera peregrinos y por tanto dinero.

A diferencia de la catedral de Chartres que es un misterio por su ubicación, la Catedral de Colonia es un misterio en el tiempo: la iglesia tardó más de 600 años en terminarse, una cifra exagerada. Lo notable es que siempre siguió un plan riguroso, sin adiciones; Colonia, iniciada el 15 de agosto de 1248, fue acabada en 1880. La mayoría de esos años sólo fue un dinosaurio inacabado.

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Y dinosaurio es: con torres de 157 metros fue el edificio más alto del mundo; tiene diez mil metros cuadrados de ventanales; un largo de 145 metros y un volumen interior de 407,000 metros cúbicos. Y no hay otra iglesia en el mundo donde se le atribuya tanta participación al diablo.

El león, el arzobispo y el alcalde. Sin ropero.

Aunque Colonia era ciudad libre, los arzobispos luchaban por inventarse privilegios monárquicos. Uno de los héroes burgueses fue el alcalde Hebert Grein, que se le enfrentó al arzobispo y al buen padre no le quedó más que matarlo. Con la ayuda de sus canónigos lo encerraron en el foso de un león “que ya le había prestado servicios a la iglesia”, sea eso lo que sea. En todo caso el pueblo, temiendo por la suerte del alcalde, fue al monasterio y los canónigos salieron al encuentro de la turba a avisar que lamentablemente el alcalde había caído al foso de los leones y había muerto.

A ver: toda la ciudad sabía del odio del arzobispo Engelbet por Grein y que un león lo devorara accidentalmente en un monasterio… Uno puede creer que se rodó por las gradas, que se cayó del campanario ¿pero un león? El pueblo exigió verlo, lo encontró vivo, y procedió a ahorcar a los canónigos; desde eso se puede visitar “la puerta de los canónigos”.

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Eso da una idea de la violencia que rodearía esta obra. Colonia ya tenía una catedral y Dios, la suerte o un pirómano vino en la ayuda del arzobispo Conrado, que quería una nueva: la antigua catedral ardió convenientemente en abril de 1248 y en agosto estaba poniendo la primera piedra del nuevo edificio. Se necesitaba porque el emperador le había regalado a la ciudad las reliquias de los tres reyes magos, que había saqueado de Milán.

El arquitecto de la catedral

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El arzobispo Konrad von Schstaden en estatua de la catedral

El arzobispo Conrado debía ser antepasado del rector de mi colegio jesuita: quería catedral pero no pagar por ella. Así que en vez de traer a un arquitecto italiano o francés decidió abrir un concurso entre el talento local y así encontró a un joven que estaba dispuesto a hacer el trabajo.

El problema es que la disposición del muchacho no se correspondía con sus ideas y por más que hacía bocetos ninguno le gustaba. Así que un día fue a caminar por el Rin para despejarse y se encontró, cliché ya sé ¿pero qué puedo hacer? un viejo que pintaba en la arena el plano de un magnífico edificio. Era Satán, que le ofreció el maravilloso plano a cambio de su alma.

El joven pidió tiempo se lo contó a una amiga quien se lo contó a su confesor, que a su vez llevó el caso ante el arzobispo. Y adivinen: nada de “tú puedes solo, salva tu alma hijo”, porque estos dos querían su catedral así que instruyeron al joven que fuera llevando una astilla de la santa cruz, recibiera el plano y en cuanto lo tuviera se protegiera detrás de la reliquia. Al joven no le pareció una gran idea pero llegó varias horas tarde a la cita para encontrar a un diablo impaciente quien aceptó mostrarle el plano en pergamino antes de firmar un complicado contrato.

En cuanto tuvo el dibujo, el joven le mostró la astilla pero el diablo no lo había soltado y arrancó un pedazo. El demonio y le dijo que había “mentido y traicionado” y por esa razón su nombre nunca sería recordado. El joven, encima, murió desesperado tratando de encontrar algo para reemplazar el pedazo perdido y, víctima del hechizo, su nombre fue olvidado.

Yo no sé ustedes que opinen pero que el diablo se queje de que le han dicho una mentira, que espere en medio de la noche en el bosque, que en vez de volatizar a relámpagos al joven huya ante una astilla de madera… si esas cosas se supieran, El Exorcista no habría asustado a nadie.

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El apostador

En la otra versión Gerald de Ryle diseñó los planos, pero Satán estaba muy insatisfecho de ver los progresos del maravilloso edificio y decidió aprovecharse de las debilidades del maestro, a quien le gustaba el juego.

Satán se apareció (otra vez…) como un viejo, esta vez en medio de los andamios y le dijo a Ryle que él, el diablo, aunque Ryle no sabía quién era, construiría un canal desde Treves hasta Colonia y lo llenaría de alegres patos antes que el arquitecto acabara el edificio, que avanzaba a buen paso. A Ryle le pareció tan imposible la tarea propuesta y su edificio estaba tan adelantado que aceptó.

Sin embargo, en sueños concluyó que era el diablo y quería su alma y cada día verificaba si el canal se veía en el horizonte. Con el paso del tiempo se fue tranquilizando y tuvo la seguridad de ganar, pero un día el viejo volvió y lo llevó a ver su canal subterráneo. Sin embargo de los patos no había señal, a pesar de la furiosa convocatoria del demonio para ganar la apuesta.

El arquitecto sabía que solo era cuestión de tiempo antes de que el diablo se diera cuenta que había que abrir hoyos para que los patos pudieran respirar, así que redobló sus esfuerzos. Pero un dia, hablando en sueños, le contó eso a su esposa, que a su vez se lo contó a un profesor de la universidad con quien ella había estado hablando, muy preocupada por la melancolía de su marido. El profesor, por supuesto, era el diablo, que así supo cómo ganar la apuesta. Fue a buscar al arquitecto y este, intuyendo lo que iba a pasar, decidió lanzarse al vacío y matarse para birlar al diablo.

A ver, otra vez: que el diablo haga un canal kilométrico, bajo tierra, pero no se le ocurra que unos patos necesitan respirar o, mejor, que haga patos que no necesiten oxígeno, no le hace parecer una alabanza eso de “saber más que el diablo”. Pero sobre todo, según la leyenda, al arquitecto Dios lo perdonó y lo llevó al cielo por hacer “el supremo sacrificio”, una leguleyada descarada. A mí me enseñaron que el suicidio es garantía de ir al infierno y hete aquí un tipo que se suicida como consecuencia de una apuesta (otro pecado) encima con Satán ¡y va al cielo cuando le toca pagar la apuesta! Hubieran sabido eso tantos que han hecho y siguen haciendo pactos …

Estas historias que explican por qué la catedral logró conservar intacto su diseño a pesar de que jamás se ha sabido quién fue su arquitecto. Hay al menos otras cuatro, pero en todas el diablo juega un papel destacado. Ya terminando el siglo XIX, con la fiebre de unificar y asentar su nación con todos sus símbolos, los alemanes decidieron acabar el trabajo, a un costo superior a los mil millones de dólares de hoy.

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¿Alguna vez han visto equilibrar una balanza? Sube un platillo, le aumentan el peso, baja, se le sube peso al otro: el estado natural de la balanza no es el equilibrio, es buscarlo. De hecho, en la vida útil de un instrumento de estos, pasan la inmensa mayoría de su tiempo con un platillo por el piso. Así son los Libra, buscando todo el tiempo el justo medio, la paz y la armonía, para ellos y el mundo que les rodea. Estos tipos tienen vocación de diplomáticos, la tentación de mediar en las disputas ajenas los vence.

Libra no quiere ser grosero, pero no puede resistir la tentación de enderezarte el cuadro torcido de la sala o acomodarte el nudo de la corbata. Ama la gente, pero odia las aglomeraciones. Quiere arreglar todas las discusiones pero puede ser un samurai discutiendo. Es amable y cordial, pero puede ponerse hosco. Un Libra trabajando es un espectáculo de verse, se dedica a una tarea treinta horas y de un momento a otro decide que quiere descansar y no lo moverá una retroexcavadora. Son inteligentes hasta la brillantez y sin embargo son ingenuos, crédulos y cándidos más allá de lo que parece posible. Pueden hablar hasta dejarte sordo pero luego te dicen “Háblame de ti” y resulta que son unos escuchas inmejorables y tú te preguntas dónde había estado esa persona el resto de tu vida.

¿Confundido? Bienvenido al club. Nunca te hagas la imagen mental del Libra (que a ellos les encanta resaltar) tranquilo, perfectamente equilibrado, dulce, gracioso y encantador. Cuando los platillos de la balanza se corrijan, y puede ser el próximo segundo, son fastidiosos, tercos, inquietos, deprimidos y confusos. Pero de alguna manera se las arreglan para que su lado brillante sea más recordado que su lado oscuro, lo cual los vuelve uno de los favoritos del zodiaco.

Ojos bien cerrados

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Temis (sentada) aconsejando a Egeo. Tomada de Wikipedia

Temis, la del “buen consejo” es una de las figuras más extraordinarias de la mitología griega y una de las que menos historias hay. Es una titánide primordial, es decir de primera generación. Hija de Urano, el cielo y Gea, la tierra, es una de los doce hijos (seis varones, seis mujeres) que nacieron de esta unión y configuró todo el mundo como hoy lo conocemos.

Titanes y titánides hubo muchos, pues tuvieron hijos entre ellos como las casas reales y los presidentes con ganas de perpetuarse, pero los más importantes fueron esos doce. Temis representa la ley en todas las formas, pero no es la ley humana y falible sino la ley natural puesta por los dioses en el mundo, la que hace que las cosas sean así y no de otra manera; la que hace que se repartan las estaciones, el día y la noche, las presas y los predadores y así sucesivamente. En resumen, eso que nosotros todavía llamamos “leyes naturales”, como la Murphy y las de Newton.

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Ruinas del oráculo de Delfos

Dotada del don de la profecía, Temis era una diosa oracular, esto es, hacía presencia en el mundo, aunque no tenía un santuario dedicado (como ningún titán, que son de una religiosidad anterior al helenismo). Según el mito, Temis construyó el oráculo de Delfos, el más famoso (se puede visitar el lugar donde atendía la sibila) y cuando huyó durante la masacre de la Edad de Plata, se lo cedió a Apolo.

Temis no tiene mitos propios ni participa activamente en otros, salvo ocasionales paneos como estrella invitada. Sin embargo, su progenie y parentela (ya conocimos a Astrea) como las Moiras o Parcas, las Erinias o Furias y Némesis constituían un vasto aparato judicial divino que se encargaba de poner las cosas en orden a las buenas o, más generalmente, a las malas, siguiendo las directrices de Temis. Sus agentes los veremos en el próximo post.

De esa manera, aunque la titánide no aparece en los mitos, es una presencia perpetua a través del aparato legal y represivo que manejaba. Con una ventaja: como primordial nadie podía reclamar “seniority”, que llaman los americanos (eso de ser mayor en edad, dignidad y gobierno) sobre ella y, de paso, se casó con Zeus luego de la guerra antes de que Zeus se casara con Hera. Pero Temis era tan justa, tan equilibrada (y, claro, tan temible con esa cantidad de agentes suyos armados y regados por el mundo: era algo así como la secretaria general de un régimen de partido único) que hasta Hera, que odiaba a muerte a todas las que se habían enredado con su divino esposo, le decía “doña Temis”.

Iustitia

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Hay una confusión entre Temis y la deidad latina Iustitia. Si bien hay similitudes míticas e iconográficas, tratar de superponer las deidades es fútil: mientras Temis es la guardiana de la ley natural, Iustitia vigilaba un tema que les preocupaba más a los romanos, con su énfasis en el derecho y la ley humana formalizada, pues vigilaba la moralidad de los tribunales, algo similar, tal vez incluido en los dominios de Temis, pero diferente.

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La dama vendada y con la balanza y la espada que adorna tantos juzgados es Iustitia. De esto, por supuesto, lo más notable es la venda: ¿a quién le ocurre vendar a una mujer armada con una espada que encima tiene que equilibrar una balanza? La idea de que la venda representa la objetividad siempre ha sido problemática y por eso más de una representación simplemente se la quita. La verdad es que esa justicia ciega sólo viene desde el siglo XV y, como tantas otras cosas en el arte renacentista, es una mescolanza. La mujer vendada era la diosa Fortuna romana y la de la espada era Némesis. Y la balanza la cargaba Dike. Conclusión, nuestra metáfora de la justicia es una especie de Frankenstein.

Y así son los Libra: seguros de su lugar en el mundo y sin ganas de tomar órdenes de nadie a quien ellos no le hayan dado esa autorización; obsesionados con la justicia y con tomar la decisión correcta, lo cual no necesariamente los vuelve tan perfeccionistas como esa otra encarnación de la justicia, los Virgo. Se vuelven una especie de presencia permanente en la vida de quienes los rodean, sin que se sepa cuándo lograron semejante ascendiente. Y su poder, ocasionalmente, puede ser bastante siniestro cuando no tienen nada que los modere.

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Los Virgo tienden a tener una personalidad retraída y meditativa, lo cual los reviste del misterio que los caracteriza como uno de los dos grandes amantes del zodiaco… cuando se les pega la gana, y conste que no tengo nada de este signo. Al mismo tiempo, pueden resultar involuntariamente cómicos, confundir la estética y el buen gusto con una pomposidad absurda y excederse hasta la prepotencia alabando sus logros, cuando no están muy ocupados pensando en lo horriblemente mal que lo hicieron y masticando las mil y un formas en que cualquiera habría hecho las cosas mejor.

Su arcano en el sistema Crowley/Golden Dawn es el Ermitaño. Los ermitaños son la línea dura, religiosos que se retiraban al desierto a contemplar los sagrados misterios. Y a escapar de las persecuciones, valga la aclaración; muchas veces estos sujetos no eran héroes de la fe sino sujetos a los que sólo les quedaba el desierto. Iban, organizaban una ermita, la dedicaban a algún santo y la convertían en su residencia y, con algo de suerte, en un punto de peregrinación, pues algunos de estos sujetos se volvían ejemplos de fe y de vida.

Amor de gemelos

Esta es de esas combinaciones familiares que por puro milagro no sacaron un hijo bobo, pero eso no es gracia porque considerando la cantidad de dioses involucrados no había escasez de milagros.

Tiro, (sobrina de Atamante, a quien conocimos en Aries) estaba casada con Creteos. Cualquier mito que empiece así tiene garantizada una catástrofe, como habrán entendido a esta altura de la serie: uno se la va a jugar al otro y en este caso fue Tiro: se enamoró de un río.

A ver, algo muy raro pasaba con la libido femenina griega: Zeus, Apolo, Ulises y el resto pasaron trabajos enamorándose de alguna chica, lo que les representó convertirse en alguna otra cosa, atravesar el mar a nado o probar cosas inmundas. Pero las protagonistas femeninas no se enamoran de hombres, no, se enamoran de cisnes, tormentas, toros y hasta una hormiga (sin preguntas, no puedo imaginarme la logística, aunque habría involucrados Caladryl y ungüento). Tiro es una de una larga lista; supongan lo que hubiera pasado si llega a conocer al superdotado Amazonas…

Pelías acompañado de sus hijas reconoce a Jasón, fresco de Pompeya. Según el mito, la madrastra de Pelías buscó refugio de su ira vengadora en un templo de Hera pero él la mató igual en el altar, lo cual enfurecio a la diosa. Uno de sus oráculos le avisó a Pelías que temiera al hombre que llegara con una sola sandalia, pues le quitaría el reino. Así llegó Jasón

Pelías acompañado de sus hijas reconoce a Jasón, fresco de Pompeya. Según el mito, la madrastra de Pelías buscó refugio de su ira vengadora en un templo de Hera pero él la mató igual en el altar, lo cual enfurecio a la diosa. Uno de sus oráculos le avisó a Pelías que temiera al hombre que llegara con una sola sandalia, pues le quitaría el reino. Así llegó Jasón

El asunto es que a Enipeo, el río, le parecía un poco complicada la propuesta; me imagino que suspiraba por una laguna o algo más apropiado. Pero Poseidón, que no por nada era hermano de Zeus, decidió aprovechar la situación, tomó la forma del río amado y dejó embarazada a Tiro, que tuvo gemelos. Ella, segura de que su esposo no le iba a creer que nada más se había bañado inocentemente, abandonó a los gemelos en una montaña, donde fueron rescatados, crecieron, se vengaron de su madre y su madrastra etc. etc. Pelías organizaría la expedición de los argonautas para negarle el trono a su sobrino Jasón (es que mientras los hermanos crecían en las montañas Tiro, haciendo las paces como sólo pueden las chicas, tuvo otro hijo con Creteos, Aeson, encarcelado por Pelias en cuanto se apoderó del reino. Aeson se casó en la mazmorra y tuvo un hijo, anticipando el régimen carcelario de máxima seguridad de mi país).

Pero el que importa ahora es Neleo, el hermano, quien acabó como rey de Pilos. Se casó con Cloris, lo cual no evitó que Poseidón, papá de Neleo y por tanto su suegro, la embarazara con otro hijo, Poriclimeno, que podía convertirse en animal, como Manimal. Eso sin contar otros once hijos que tuvo con Neleo, o al menos cuando su suegro no estaba de visita. Neleo, alguna vez, tuvo el buen gusto de desafiar a Hércules, quien venía de limpiar el estiércol de los establos de Augías en su sexto trabajo y francamente traía, comprensiblemente, un genio de mierda, así que los mató a todos, excepto a uno: Nestor.

El abuelito de la guerra de Troya

En sus años mozos Nestor había participado de todos los eventos de su época: fue argonauta a las órdenes de su primo Jasón, estuvo en la cacería del jabalí de Calidón del que hablamos en Géminis y cositas por el estilo. Al llegar a la guerra de Troya ya era el más viejo de todos los líderes griegos.

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Nestor en la Iliada es el gran anciano, un sabio cuyo consejo siempre era buscado por los griegos y hasta Aquiles lo tenía en gran estima. Si hay un estadista en el poema, es Nestor. Por otro lado, su consejo tenía un precio temible (para los griegos y el lector): antes de darlo acometía un largo monólogo sobre sus logros pasados y los méritos de su casa, cosa que podía poner de los nervios a líderes un poquito más belicosos como Ayax, Aquiles o Agamenón. A veces sus consejos eran muy inteligentes (diseñó la estrategia de carros de combate) y a veces un fracaso sin atenuantes (por una idea suya Patroclo el amigo / novio / amante / tinieblo de Aquiles acabó asesinado). Sin embargo, los griegos, que creían que los resultados de las cosas eran producto de sus caprichosos dioses y los humanos poco podían hacer, seguían confiando en este anciano de “voz suave y palabras dulces como la miel”. No será la gran recomendación para un guerrero, pero así alaba el poema a Nestor.

Él fue el único de los griegos que volvió a casa al acabar la guerra y murió en paz. Como nota al margen, Telémaco, el hijo de Ulises, lo fue a buscar a ver si tenía noticias de su padre… ante lo cual Nestor le aplicó el tratamiento de sus méritos y su historia. Telémaco le ruega a uno de los hijos del anciano rey que lo lleve inmediatamente a su nave y lo deje partir, temiendo no sobrevivir a otra dosis.

Y así son los Virgo: sabios, aunque su sabiduría no siempre sea apreciada ni ellos sepan venderla; retraídos, aunque capaces de irse a la guerra por sostener su palabra; imaginativos y siempre se las arreglan para ser vistos así, aun cuando sus ideas acaban en tragedia; siempre recordando su historia, sus logros y buscando reafirmación.

El arquetipo

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Robert Sean Leonard como James Wilson en House M.D. Aunque Wilson trata de tener alguna vida sentimental y social, generalmente permanece solo y no parece especialmente incómodo por eso. Es el mejor amigo y conciencia del descontrolado House y si bien suele acabar sufriendo el retorcido ingenio de su amigo, siempre lo pone a pensar.

profesorX

Patrick Stewart como Charles Francis Xavier en X-Men. El parapléjico hijo de un millonario, el Profesor X quiere paz entre humanos y mutantes a diferencia del militante Magneto. Poseedor de una mente soberbia (BusinessWeek lo considera de los 10 personajes más inteligentes de los comics) es un maestro noble que trata de encauzar los poderes y la ira de discípulos como Storm y Wolverine.

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Pat Morita como Mr. (Kesuke) Miyagi en Karate Kid. Película famosa en los 1980 y que repite la línea argumental de Rocky (del mismo John Avildsen), Miyagi es sensei / figura paterna / jefe del protagonista, al cual le enseña artes marciales pero también disciplina, autocontrol y compasión.

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Sherlock Holmes. Como arquetipo es elección discutible; Holmes no es espiritual ni le interesa el “lado humano” de nada (y jamás dijo “Elemental, mi querido Watson” ). Por otro lado, es un recluso misántropo y aunque colecta pruebas, su trabajo ocurre en su maravillosa mente analítica encerrado en su casa de Baker Street. Y sí que hace esfuerzo por contenerse y no es un pusilánime: fue campeón de boxeo y es un esgrimista notable.

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Yoda. Cuando Luke Skywalker lo conoce en Empire Strikes Back es un ermitaño que se esconde del imperio y el lado oscuro de la Fuerza, tal como muchos primeros ermitaños cristianos se escondían de Roma. Considerado el mejor jedi de todos los tiempos, es más usual verlo dando consejos y formando alumnos con pose de sacerdote shinto (sobre los cuales fue modelado) que metido en una pelea.

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