
Patente 446.054 del 10 de febrero de 1891: el diseño original de la tabla Ouija. Una fecha que para muchos vivirá en la infamia, aunque no tienen ni idea...
La primera vez que vi una tabla Ouija fue en la casa de una tía de mi papá, que se iba a vivir a Estados Unidos y organizó la usual feria de liquidación con sus cosas. Entre todo lo que había, que no le interesa nada a un muchacho de trece años, me tropecé con esa caja, que se parecía a “Clue” y pregunté que era. Mi papá, que aunque me patrocina estos temas no es muy afecto de ellos, despachó el tema en dos frases y así se quedó el asunto. No recuerdo cómo, pero años después, en 1989, me dio por explorar la tabla. Muy a mí pesar debo decir que con notable éxito: 1989 fue para mí el año de la Ouija hasta bien entrado 1990, cuando decidí dejarla para siempre.
Mi primera Ouija fue con un amigo en la residencia estudiantil; yo había conseguido en la biblioteca una especie de manual de esoterismo y con las dos o tres cosas que decía ahí nos lanzamos al ensayo. No pasó nada, aparte de que mi amigo se desmayó; como resultado no me pareció impresionante, me apliqué a conseguir libros y a las pocas semanas estaba listo para hacer espiritismo.
Sea que uno crea en los espíritus o no, la tabla te confronta con cosas. Fantasmas para los que quieran creer, sustratos del inconsciente para los escépticos, arriesgas que la tabla te lastime. Yo no voy a hacer una apología de los fantasmas, no digo que sea de los que creen en la faceta espiritista (ciertamente al menos me hacen dudar, eso es verdad) pero sí puedo afirmar que luego de hacer suficientes veces esa cosa uno empieza a experimentar cambios, no todos agradables ni espantosos.
Retomando, les conté a algunos amigos en la universidad y ellos pidieron hacer una. Pronto yo era una especie de comerciante de droga al por menor: la gente se me arrimaba en la cafetería con aire de misterio a preguntarme “si usted es el de la Ouija”. No sólo el asunto me volvía retorcidamente popular, como si fuera un gótico en un cóctel, sino que mis amigos empezaron a promocionarme.

La crítica más usual y evidente de la tabla es que hay que tocar el señalador. Los científicos alegan que, con la mejor buena fe, esto se presta a a ideomotricidad: la transferencia inconsciente de conocimiento. Como dicen los escépticos, lo bueno de la Ouija es que puede pronosticar cualquier futuro que uno quiera
Como eventos curiosos recuerdo dos. La primera: una vez en la universidad participó una chica que me fascinaba (después de llegó a ser virreina nacional de belleza, así que razón yo tenía) le preguntó a la tabla dónde estaba su novio. Deletreó “con otra”. Le preguntó “¿Dónde quién?” en medio de sonrisas. “Martha”, deletreó. Ya no le gustó y preguntó “Martha qué?”. “Estrada”, dijo la tabla. Ella se puso como un tití y se fue furiosa a buscar al novio, que resultó tener una amiga llamada así a la que mi amiga le cargaba celos. Después uno de los participantes decía que no sabía cómo yo me había averiguado ese nombre para hacerlos pelear. La verdad es que nunca supe de dónde salió el dato.

No contentos con la manía de volver el lenguaje una pista de obstáculos con aquello de "los niños y las niñas" lo políticamente correcto ha llegado al esoterismo: desde hace diez años se consigue una tabla rosada solo para chicas
La otra historia: ocurrió que una familia amiga tenía una isla en la represa del Prado. Lo de “isla” viene de que cuando se inundó el terreno varias montañas quedaron sobresaliendo formando “islas”. A una de esas fuimos nosotros a pasar las festividades de año nuevo. La entidad se llamaba Basil y empezó a responder hasta que una chica empezó a decirle en tono cavernoso “manifiéstate” hasta que la mesa, un vidrio de una pulgada, estalló. Estalló: no se rajó, no se rompió, estalló lanzando esquirlas. Siempre pudimos apoyarnos mal, pero le prendí fuego al papel y nos reunimos en el porche cuando empezó una humareda. No seré tan melodramático como para decir que era azufre, pero sí como cuando se quema caucho: el papel, al que le había prendido candela casi una hora antes, estaba prendido y arrojando humo espeso. ¿Han tratado de pegarle fuego a unas cenizas? Y ¿quién lo hizo? Estábamos en una isla y todos los presentes estábamos en círculo alrededor de una torta de cumpleaños.
Después hice varias Ouija más. Predijo notas de algunos compañeros, dio teléfonos de objetos perdidos, aconsejó los temas de varios exámenes, pero sugestión o no empecé a vivir cansado, muchas cosas empezaron a reclamar mi atención porque no funcionaban bien y me neuroticé hasta casar peleas con muy buenos amigos míos. Pero aprendí a respetar mucho más estas prácticas, la necesidad de estudiar y no sólo contar con la capacidad personal y a formarme fronteras mucho más precisas con otras prácticas que no son tan inofensivas y que uno se pone a ensayar de curioso.
Origen

William Fuld
Se supone que el nombre viene de juntar las palabras para “sí” en francés (Oui) y en alemán (ja), pero como la explicación suena pobre, una leyenda dice que Charles Kennard, quien patentó la tabla, soñó la palabra inscrita en un monumento del antiguo Egipto y significa “buena suerte”. Suerte fue lo que hubo porque la tabla se vuelve un hobbie popular siempre que Estados Unidos entra a una guerra, empezando en la primera guerra mundial: la nación necesita algún medio para seguir el destino de los soldados (CNN ha reducido esa necesidad, pero la gente no quiere saber el destino del ejército sino de un soldado en particular) Su momento de gloria fue en la guerra de Vietnam, cuando se vendieron 2,3 millones de tablas en un año.
La leyenda dice que Kennard vio moverse solo un plato sobre un mantel de letras y deletreó “paténteme”. Más guapo él, que viendo tal cosa se pone a transcribir letras… En fin, nunca he entendido porque es posible que Constantino viera letras escritas con estrellas pero Kennard no pudo ver un mantel hacerle un chat. Como sea, se alió con Elijah Bond, aseguraron la patente en 1891 y montaron una fábrica.

El diseño clásico de la tabla de Fuld. Sin muchas variantes, es la misma que todavía vende Parker Brothers
Uno de sus empleados, William Fuld, con su hermano Isaac, decidió producir tableros por su cuenta bajo la marca “Ouija”, palabra frecuente en círculos europeos dedicados a buscar un “telégrafo espiritual”, en un siglo XIX que se debatía entre nuevas tecnologías y ancestrales creencias. Fuld se salió con la suya: su nombre está ligado a la Ouija, muchos le creen el inventor y se hizo millonario luego de robarse la patente. Para más ironía, hasta 1927, cuando murió, demandó con éxito a compañías que trataron de hacer sus propias tablas, incluidos sus antiguos jefes. Sus sucesores vendieron los derechos a Parker Brothers en 1966, quienes producen la tabla con el eslogan: “Es sólo un juego… no?”

El progreso no se detiene: esta es la versión para geeks que promociona actualmente Parker Brothers
El gran encanto de la Ouija es que es “espiritismo para dummies”: no requiere conocimientos ni ambientes aparatosos. Fuld nunca aceptó haberse robado la patente sino que buscaba una forma más sencilla y económica de comunicarse con el más allá rodeando a los medium. Era una irresistible combinación de “ciencia” (como telefonear cuando el teléfono era un milagro) y espiritismo “hágalo usted mismo”.
William Fuld decía en sus últimos años que el espíritu de su hermano lo acosaba. Razones tenía: William no sólo robó a sus antiguos jefes sino a su hermano, al que dejó por fuera de la patente. Así que la pobre tabla tiene hasta en eso un origen pecaminoso…

Difícilmente hay un villano más reiterado en el cine que la pobre tabla: cada que se quiere desatar una posesión demoniaca en un guión agarran a la pobre... porque todos conocemos historias ciertas de esas de un amigo de un amigo! En la entrada en español de Wikipedia hay una historia espantosa "transmitida por CNN"... a la que alguien le puso "favor poner cita" y así sigue
¡Ah! Una última cosita: más de un creyente o esoterista de línea dura va a tener la tentación de escribirme para insultarme o condolerse. Por favor absténganse: yo me entiendo con Dios, no con subalternos. Cualquier otro comentario o historia, sea bienvenida!