Otra lectura de Luis Felipe Tenorio y La Experiencia Tarot, desde Cali, Colombia. Esta respuesta corresponde a una persona que hizo una pregunta y seleccionó sus propias cartas. La respuesta sólo es válida para ella y se propone solo como ejemplo y tema de discusión. El procedimiento para hacer preguntas está http://luisftenorio.wordpress.com/lecturas-en-linea-procedimiento/ . ¡Los invito a leer otros artículos y ejemplos de lectura en esta bitácora y a compartir La Experiencia

Me pregunta esta consultante por la situación económica y familiar de su hogar ahora que su esposo no tiene ingresos. Tus cartas, el 2 de espadas (inv.), el 7 de copas, “El Emperador”

Aquí tenemos una situación que posiblemente va a requerir todo tu apoyo y sutileza, una de esas noticias que a los hombres pueden no gustarnos pero igual tenemos que afrontarlas cuando toca. El 2 de espadas al comienzo habla de una disociación mental: no m refiero a locura, una enfermedad mental ni nada parecido, simplemente quiero decir que tu situación en tu casa, que ya es delicada en lo económico, se ve complicada porque tu esposo no ha asumido el golpe sino que se ha sumergido en un bloqueo emocional que no lo deja procesar la situación y fluir hacia delante. Es comprensible, a mucha gente le pasa eso en una primera fase. Pero en tu esposo amenaza a no ser una fase pasajera sino a quedarse: el 7 de copas es una carta de fantasías, de grandes proyectos, de esquemas gigantescos  y castillos en el aire que todos, empezando por el constructor, saben que no tienen la menor posibilidad de llegar a concretarse. Después de un golpe duro, esas fantasías son masajes de bálsamo para el ego, pero hay que ponerles un límite o la falta de sentido práctico se vuelve un problema que hace que uno no pueda aprovechar las oportunidades. Para peor, “El Emperador” en el desenlace habla de un hombre que tiene reales problemas para aceptar que deja de ser el proveedor de su casa.

La promesa del tarot: la situación no es sencilla. Estamos hablando de una persona que tiene las capacidades e incluso puede tener las oportunidades, pero está tan ocupado extrañando el pasado que no está viviendo el presente ni construyendo el futuro. Así es muy difícil que se den las cosas y en caso de conseguir algo, será más “porque toca” que lo que se merece. De alguna manera hay que guiarlo a que vaya saliendo de ese estado y dedique sus capacidades a causas dignas de mejor esfuerzo que construir unos edificios inmensos que se quedan solo en deseo

Este blog tiene un troll residente que se dedica a acusarme de atacar gratuitamente a la Iglesia y al cristianismo. Como pueden ver en varias entradas, no tengo problema en dejar pasar comentarios que atacan mi opinión, o incluso a mí personalmente, si lo hacen con un mínimo de argumentación. En fin, entre todas sus invectivas inconexas, este troll me dice que yo me he dedicado a buscar cada nimio error de la iglesia y Satán me tiene reservada la marmita más caliente de sus dominios, que tampoco son suyos sino que Dios se los presta. Y me dice que sería capaz de encontrar una pelea entre la iglesia y la bicicleta.

Dejando de lado paranoia, mi corresponsal tiró el guante donde no tocaba. Porque hubo una pelea entre la iglesia y las bicicletas. O al menos la iglesia participó, muy a su estilo

Antes de continuar: el papel de la institución eclesial es ingrato, apoyada sobre un cimiento tan peculiar como la fe que, aceptémoslo, no se le concede a todo el mundo y muchas veces se confunde con miedo. Su trabajo es servir de faro ético valiéndose de una serie de creencias hermosas pero indemostrables y cuando consigue alinear las piezas, cualquier cambio amenaza ese trabajo agotador. Es comprensible que sea una institución conservadora y juzgar sus actos con posterioridad es un anacronismo. Pero delicioso cuando el cuento parece pelea de vecinas.

En los 1890 la bicicleta no era nueva, pero la bicicleta de seguridad (el modelo que conocemos hoy) y el modelo construido para dos, así como el pasatiempo casi maniático de salir los fines de semana, parecido a la ola desatada a comienzos de los 2000 con el ciclomontañismo, sí que eran nuevos… así como sus imprevistos efectos ginecológicos.

El primero en berrear sobre los peligros (que siempre los hay, peligros y profetas del desastre) fue el Georgia Journal of Medicine and Surgery, al cual le hicieron eco revistas médicas en España, Francia, Inglaterra y Suecia, que tenían sus propios paseos domingueros subversivos. Y es que, como dijo el presidente Uribe en mi país, si ese “gustico” es para la familia, el “gustico” estaba peligrosamente cerca: el Georgia Journal avisó que “la máquina de pedales” producía un peligroso desorden femenino a altas velocidades cuando “el cuerpo es lanzado hacia delante, haciendo que la ropa haga presión sobre el clítoris, produciendo sentimientos de excitación y hasta orgasmos hasta entonces desconocidos por las jóvenes doncellas”

Yo no sé cuántas hayan tenido un orgasmo por montar en bicicleta, como no sea usando modelos que promocionan sites porno con consoladores en vez de asiento (lo de la excitación luego de una travesía a todo pedal es cierto pero no se relaciona con la bicicleta misma sino con el ejercicio en general y las feromonas) o si es que las mujeres de los 1890 eran más morbosas que las de ahora y más proclives a conseguir orgasmos, pero en todo caso el pasatiempo era una locura y en 1896 Scientific American reportaba que los relojeros y los joyeros perdían sus negocios porque todo el dinero para “lujos” entre las clases medias altas y altas altísimas se estaba yendo en bicicletas.

Los sastres se quejaban de que los ciclistas usaban sus “trajes baratos de bicicleta” y no encargaban ropas de calidad. Los propietarios de teatros, desde Estados Unidos hasta Argentina, tuvieron que ofrecer descuentos y promociones a los ciclistas. ¡El mundo se iba a llenar de atletas de domingo exhaustos, analfabetas que no leían y vestidos como cavernícolas, rodeados de mujeres que andaban en maquinas masturbatorias! Al mejor estilo de ciertas leyes actuales, trataron de exigir a cualquier ciclista comprar al menos dos sombreros en el año y otra obligaba a los paseantes a demostrar que habían invertido una hora de su paseo leyendo. ¿No sienten un cosquilleo de reconocimiento con las horas de televisión, Internet o juegos de video? Claro, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa…

Y aquí terció la iglesia. Hace unos años monseñor Trujillo, jefe de la Congregación para la familia, difundió un estudio de “médicos no católicos” que demostraba que el condón no previene el sida. Cuando le hacían una pregunta difícil en las ruedas de prensa se encogía de hombros y respondía con arrogancia “Yo les estoy mostrando lo que dice la ciencia, estos no son católicos. Si no me quieren creer…” El truco sirvió para eliminar preguntas incómodas pero también de las otras: se acabaron las entrevistas.

Más o menos lo mismo paso con la bicicleta: usaron estudios para demostrar que la bicicleta era invento del demonio. La verdad asomaba en sus prédicas: mejor que cualquier sociólogo la iglesia vio en la bicicleta la primera revolución sexual. No por ser un enorme masturbador sino porque la bicicleta les permitía a los jóvenes pasear más allá de las miradas de sus mayores. Si bien los escalones más bajos de la sociedad siempre habían gozado de alguna libertad (sus padres no tenían tiempo de andar vigilando) la bicicleta trajo ese regalo a las clases medias y altas, que eran y siguen siendo el puntal financiero de la iglesia, que ahora tenía que oír a muy preocupadas matronas, de gruesas chequeras, preguntar qué hacían ante el nuevo invento. Y cuando en 1898 apareció la bicicleta para dos las cosas alcanzaron su paroxismo. Un obispo de New York gritó desde san Patricio que los ciclistas “vagarían por un lugar donde no habrá barro en sus caminos por su alta temperatura”

Cualquiera que se asome a las carreteras y parques un domingo sabe cómo acabó la historia. Los sastres tuvieron que aprender a hacer pantalones femeninos (otra cosa que mereció cañonazos de la iglesia y algunas agrupaciones de línea dura prohíben hoy todavía, pero a eso le debe más de uno sus fantasías con colegialas de faldita escocesa). Ni el papa pudo detener el proceso, a pesar de librar una batalla retórica intensa por todos los púlpitos del mundo durante casi cinco años. La bicicleta acabó como una receta de salud a pesar de su accidentado nacimiento… a veces me preguntó en qué van a acabar los juegos de video

El emperador Diocleciano

Habíamos quedado en el concilio de Nicea, el magno evento que definió las creencias cristianas y, de carambola creó una separación entre la Europa mediterránea y la nórdica. La iglesia está en su derecho a glorificar a los padres de la iglesia que “impusieron” su visión en el concilio, pero gústeles que no, el concilio solo tuvo una figura relevante, el emperador Constantino, los demás fueron comparsas.

Su biografía es lo que resulta cuando los historiadores disponibles son monjes y se disponen a contar la vida de un político desde el catecismo. Sus circunstancias comienzan una generación atrás, durante el reinado de Diocleciano, y así como Constantino tuvo la magnífica suerte de que su biografía la escribieran sus beneficiarios, Diocleciano tuvo la muy mala suerte de que lo hicieran sus víctimas, que son los mismos: los cristianos.

Las termas de Diocleciano. Llevan su nombre porque él los inauguró pero se empezaron a construir casi cien años atras, interrumpidos por los constantes asesinatos de los emperadores. Partes del edificio se usaron para un complejo eclesial de basílicas

Diocleciano cerró “la crisis del siglo III”, un siglo en el cual era una hazaña que un emperador gobernara dos años antes que los cortesanos, los soldados, los banqueros o la guardia pretoriana procediera a degollarlo en pago a sus servicios. Ambicioso hijo de un liberto ilirio, dedujo dos cosas: que el camino al trono no era a través del servicio civil sino por los pasillos de palacio y se enroló en la guardia pretoriana, que lo aclamó emperador con escasos 30 años; y que para sobrevivir mejor no vivir en el palacio, ni siquiera en Roma y se llevó sus trastos a Nicomedia, en el Asia menor. Fue la muerte del imperio, aunque su formidable tamaño lo sostendría. Ante las críticas respondía que era preciso estar cerca de las fronteras por la amenaza bárbara, en lo que no le faltaba razón: lo de “bárbaro” no era como podría decirlo un argentino, el imperio se vio sosteniendo cinco guerras a la vez en Francia, Hungría, Persia, Grecia.

Aureliano, que había gobernado antes, tratando de conciliar la religión pagana con la fe cristiana salió con la religión del sol, que enfureció a todo el mundo, pero tuvo dos consecuencias: primera, abrió camino al monoteísmo. Segunda, quien investía al emperador ya no era el senado sino la divinidad (siglos después fue poner un comando de “reemplazar” donde decía “sol” para que dijera “Dios”). Diocleciano, que le daba lo mismo ocho que ochenta en asuntos de dioses, tenía claro que el artificio de la investidura divina era funcional, pues su senado haría parecer profesional a los de las repúblicas bananeras. Y los cristianos tenían una superioridad moral que lo ponía en desventaja si se unía demasiado a ellos (estoy hablando de algunos especímenes, no que cualquier cristiano ya fuera un magnífico tipo). De tales ideas salió la más furiosa de las persecuciones cristianas. Nada personal, diría don Vito Corleone, estrictamente negocios.

Diocleciano es una especie de héroe desconocido para los economistas. Fue el primer gobernante en establecer una clara política monetaria en Occidente. Antes de él las monedas se acuñaban sin relación alguna con un patrón o una capacidad productiva

Pero antes de las persecuciones, Diocleciano decidió poner en cintura a otro grupo: los banqueros y los comerciantes, que también ponían y quitaban emperadores cuando los del ejército se descuidaban. Si en la época hubiera habido televisión habría decretado la transmisión en cadena imperial de “Aló, Emperador”, hubiera hecho un consejo comunal y habría repartido notarías para asegurar el paso de la ley por un senado que igual ya no importaba. Si la investidura divina de Aureliano ya había herido la división de poderes, Diocleciano decidió mostrar que eso de las divisiones era perjudicial, que mejor una decisión unificada: la de él.

El edicto de los precios máximos, como se exhibe en el museo de Berlin. Tomado de Wikipedia

Fue el socialismo del siglo IV. Diocleciano procedió a nacionalizar industrias, planificar la economía, fijar tasa de cambio (vinculó el valor a la moneda a la cantidad de oro en el tesoro a un valor que permaneció sin cambiar más de mil años; una práctica que todavía desataba debates en los 1960). Los campesinos quedaron fijados a la tierra y no podían mudarse sin un permiso y sus destrezas fueron declaradas tesoro imperial, y en las ciudades obreros y artesanos debieron inscribirse a corporaciones obligatorias y hereditarias que nadie tenía derecho a abandonar. Esas medidas duraron otros mil años, como casi todo lo que ordenó este tipo en un edicto de unas pocas páginas.

Como demuestran todos los regímenes de economía planificada (la derecha no es mejor, pero tiene problemas diferentes) esas medidas exigían un riguroso control de cambios y Diocleciano aumentó la burocracia como nadie: si un ciudadano no era funcionario era policía, informante o sapo: los encarcelamientos llovieron, el contrabando estaba a la orden y el nuevo régimen de impuestos llevó a que eran más los romanos que querían irse con los bárbaros, que bárbaros pidiendo ciudadanía romana.

La última oración de los mártires cristianos, Jean-Leon Gerome, 1883

Diocleciano fue el primer emperador con una “corte” con ceremonial. Y asimiló, con algo de razón, la más pequeña rivalidad a un desafío al estado, así que decidió emprenderla contra los cristianos, que ni aceptaban la investidura divina, ni aceptaban adorar al emperador como dios encarnado, ni tenían ganas de participar de sus agrupaciones ocupacionales.

Si les creemos a los historiadores de la primera iglesia, Diocleciano mató a todo el imperio para que las cuentas cuadren. Sobre esa base montaron un culto a los mártires que afecto el mensaje de paz y alegría de Jesús y le puso al catolicismo un tinte fatalista y oscuro. Gracias al cine existe todavía hoy la idea de que las persecuciones más brutales fueron de Nerón, pero esas ni duraron mucho ni fueron muy numerosas. Pero es que Nerón reinó cuando el poder romano era indisputable, Diocleciano ya tenía a la vista el fin y vio en los cristianos un peligro interno para su estado.

Frente al casi medio millón de víctimas de los cuales hablan las fuentes, hoy sabemos que no pasaron de tres mil, lo cual sigue siendo una cifra grande, en especial para la época. Como la Solución Final. Pero logró el efecto contrario: “doctoró” a los cristianos. Todo el imperio tomó conciencia de lo que hasta entonces era una secta oscura y las historias de su martirio aumentaron su ascendente moral. Porque había diferencia entre millones de paganos que no creían ya en nada y un puñado de miles de cristianos dispuestos a hacerse matar por lo poco en que creían.

Diocleciano abdicó a los 55 años y todavía vivió casi veinte más. Se retiró a vivir a este palacio (reconstrucción figruada) en Spalato, Serbia, cuyas ruinas se pueden visitar. Luego de su abdicación se desató una guerra civil de sucesión y cuando le pidieron que interviniera dijo que no le pedirían eso si vieran lo lozanas que crecían las coles en el huerto de su palacio. Y no se movió y dejó seguir la guerra

Diocleciano no es fundamental en sí mismo para nuestra historia, pero su obra y ejemplo posibilitó el ascenso de Constantino y la aparición del imperio bizantino, la bisagra y filtro que unió Asia con Europa en conocimientos oficiales y esotéricos. Sin el imperio bizantino, otra sería la historia del tarot y todo el mundo como lo conocemos y en algunos aspectos es más importante que el imperio romano, aunque no tenga tanto cine. El próximo post de la serie lo dedicaremos a Constantino

Hoy quise hacer un post distinto por dos razones: porque es viernes … y salirle al paso a algunos de los troll de mi blog. Los troll son monstruos torpes y sucios pero forzudos. La sabiduría popular quiso darle ese nombre a aquellas personas que insultan gratuitamente en los blogs o aquellos que, sin ser insultantes, se vuelven un incordio.

Hace años salió un e-mail con preguntas que si bien eran triviales, eran simpáticas: ¿Por qué “todo junto” se escribe separado y “separado” se escribe todo junto? No tengo respuesta para cada pregunta, y no tendría espacio suficiente. Por otro lado, al parecer algunos lectores han decidido elevar algunas de sus dudas a la categoría de leyendas urbanas.

Tengo un grupo de trolls se deben creer el colmo de la originalidad por repetir estas preguntas que ya tienen diez años, por lo menos. Hace poco vi a que a mi amiga @asmodeo le hicieron la pregunta del “todo junto” en su tablero de preguntas personales en www.formspring.com con ser que se inspira preguntas más divertidas. Ahí me resolví a hacer este post.


¿Qué clase de engendro genético es Goofy, Tribilín, Dippy, etc.? Esta pregunta se extendió desde 1987 y no ha parado cuando uno de los personajes de Stand by me exigió saber qué animal era Goofy, pues no podía ser un perro: manejaba carro. Y en los países de habla hispana el pobre tiene un caso de identidad robada: tiene varios nombres “oficiales”, aquí me iré con el que tiene en Colombia y con el que yo crecí, Tribilín.

El correo de marras fue un paso más allá: Tribilín no podía ser un perro porque es distinto a Pluto. Al parecer la pregunta se ha vuelto tan frecuente, que los mismos estudios Disney resolvieron salirle al paso. En cuanto a la apariencia, si un cocker spaniel no se parece a un schnauzer ¿por qué iba a tener que parecerse un perro a otro en el mundo Disney?


Pluto fue anterior a Tribilín: apareció en un corto llamado Chain Gang, se llamaba Rover y era de Minnie. Cuando paso a ser propiedad de Mickey (robo descarado, Minnie no se lo regaló nunca) cambió su nombre a Pluto. Su animador, John Canemaker, dijo que lo hizo mudo y en cuatro patas para enfatizar que es una mascota y no un igual de los otros personajes.

Tribilín no es mascota. Su condición perruna es indisputable puesto que su primer nombre fue Dippy Dawg, juego de palabras intraducible. Tuvo que pasar tiempo en papeles de reparto antes de saltar a las tiras cómicas y empezar a volverse un personaje principal, siempre detrás de Mickey y Donald, los barcos insignia de la flota. Pero Tribilín tiene una condición única en el universo Disney: alguna vez estuvo casado (con Mrs. Goofy) y en un mundo lleno de tíos y sobrinos, este un orgulloso padre (Goofy jr.)

Cómo es que la gente acepta que si a un pato lo aplasta un refrigerador no sólo queda vivo sino que le quedan energías para pelear con la nevera, pero no puede aceptar que Tribilín sea un perro, es una pregunta más insoluble.

¿Por qué las manecillas del reloj giran en el sentido de las manecillas del reloj? Porque la industria relojera se desarrolló en el hemisferio norte. El reloj es la mecanización de los relojes de sol, la forma más popular de medir el tiempo antes del desarrollo de la correspondiente máquina y en el hemisferio norte la sombra del reloj de sol va “en el sentido de las agujas del reloj”. Si la relojería se hubiera desarrollado en Buenos Aires o Johanesburgo los relojes muy posiblemente correrían al revés.


¿Por qué los silos siempre son redondos? Mi primer impulso fue responder “porque sí”. Pero luego supe que había una leyenda urbana apocalíptica: si el silo fuera cuadrado el grano podría formar bolsas de aire, causar una combustión espontánea e incendiar varias granjas a la redonda

Ya es malo que a uno le digan que se le va a quemar la cosecha como para además responder por daños a terceros. Pero apartando el incendio mágico, el cuento es cierto y casi tan malo: un silo cuadrado deja bolsas de aire que pudren la comida, como descubrió Fred Hatch, el primer constructor de un silo moderno en 1873 (lo de los silos del faraón de las vacas flacas es una ilustración: la comida se guardaba en bodegas). Diez años después Franklin T. King construyó el primer silo redondo y el resto es historia. Mantener el aire fuera del silo no es producto de una conspiración para que los constructores de silos redondos pudieran expulsar a constructores de silos cuadrados: el moho, que pudre la comida, no puede sobrevivir sin aire.

La triple X roja es sólo un reclamo comercial, no una clasificación. La usan hasta juegos de video para adolescentes

¿Es más duro el porno triple X que una mera X? Esta pregunta inspira otro misterio: ¿qué fue del pobre porno doble x? En la generación de mis papás lo de la “triple x” se usaba para libros, revistas, películas el colmo del escándalo. Supongo que si vieran lo de ahora irían llegando al porno 17X

La Motion Picture Association of America empezó en 1960 a clasificar películas como resultado de una movida autoregulatoria de la industria cinematográfica, extenuada de aguantar críticas por la violencia en las películas y de recibir quejas de padres que habían entrado inadvertidamente a vespertina con su hijo de seis años y quedar salpicados en galones de sangre y saliva. El proceso es así: la productora le paga a la MPAA para que vea la película y sale un edicto de clasificación para “todos”, “doce años”, “quince años” y “dieciocho años”. Allá funciona en letras, desde G (General) hasta R (Restringida). Las productoras no están obligadas a someter la película, pero no pueden poner calificaciones propias.

Los primeros astros del cine X de todos los tiempos: la primera película que ostentó esa clasificación fue Midnight Cowboy, de 1969, con Dustin Hoffman y Jon Voight, el papá de Anglina Jolie. Esto último, claro, lo hace pensar a uno en tantas posibilidades....

La “X” quedó para cuando la violencia de verdad era dura, y hubo películas clásicas que se llevaron esa clasificación, como Midnight Cowboy y La Naranja Mecánica. A los directores les pareció bastante bien: llamaba gente curiosa. Pero a comienzos de los setenta, luego de Deep throat se dejó venir una avalancha de porno que hizo que la X se asimilara a porno duro.

Problema: la X ahora la compartían Emmanuelle y Calígula, la una material de Oscar, la otra soft porno. Y los productores de porno no querían esa confusión, se inventaron la triple X. En rojo. La clasificación no existe ni ha existido; porno es porno: una X. La industria del cine rojo (en especial con sus premios AVN, sus Oscar anuales en Las Vegas ¿dónde más?), que ha crecido violentamente en cuarenta años, es la que ha inventado una versión “suave” (una x) y una dura (triple x) aunque una película suave hoy se habría ganado cinco x hace veinte años. Pero no hay parámetros ni de verificación, es un reclamo comercial escandaloso

Patente 446.054 del 10 de febrero de 1891: el diseño original de la tabla Ouija. Una fecha que para muchos vivirá en la infamia, aunque no tienen ni idea...

La primera vez que vi una tabla Ouija fue en la casa de una tía de mi papá, que se iba a vivir a Estados Unidos y organizó la usual feria de liquidación con sus cosas. Entre todo lo que había, que no le interesa nada a un muchacho de trece años, me tropecé con esa caja, que se parecía a “Clue” y pregunté que era. Mi papá, que aunque me patrocina estos temas no es muy afecto de ellos, despachó el tema en dos frases y así se quedó el asunto. No recuerdo cómo, pero años después, en 1989, me dio por explorar la tabla. Muy a mí pesar debo decir que con notable éxito: 1989 fue para mí el año de la Ouija hasta bien entrado 1990, cuando decidí dejarla para siempre.

Mi primera Ouija fue con un amigo en la residencia estudiantil; yo había conseguido en la biblioteca una especie de manual de esoterismo y con las dos o tres cosas que decía ahí nos lanzamos al ensayo. No pasó nada, aparte de que mi amigo se desmayó; como resultado no me pareció impresionante, me apliqué a conseguir libros y a las pocas semanas estaba listo para hacer espiritismo.

Sea que uno crea en los espíritus o no, la tabla te confronta con cosas. Fantasmas para los que quieran creer, sustratos del inconsciente para los escépticos, arriesgas que la tabla te lastime. Yo no voy a hacer una apología de los fantasmas, no digo que sea de los que creen en la faceta espiritista (ciertamente al menos me hacen dudar, eso es verdad) pero sí puedo afirmar que luego de hacer suficientes veces esa cosa uno empieza a experimentar cambios, no todos agradables ni espantosos.

Retomando, les conté a algunos amigos en la universidad y ellos pidieron hacer una. Pronto yo era una especie de comerciante de droga al por menor: la gente se me arrimaba en la cafetería con aire de misterio a preguntarme “si usted es el de la Ouija”. No sólo el asunto me volvía retorcidamente popular, como si fuera un gótico en un cóctel, sino que mis amigos empezaron a promocionarme.

La crítica más usual y evidente de la tabla es que hay que tocar el señalador. Los científicos alegan que, con la mejor buena fe, esto se presta a a ideomotricidad: la transferencia inconsciente de conocimiento. Como dicen los escépticos, lo bueno de la Ouija es que puede pronosticar cualquier futuro que uno quiera

Como eventos curiosos recuerdo dos. La primera: una vez en la universidad participó una chica que me fascinaba (después de llegó a ser virreina nacional de belleza, así que razón yo tenía) le preguntó a la tabla dónde estaba su novio. Deletreó “con otra”. Le preguntó “¿Dónde quién?” en medio de sonrisas. “Martha”, deletreó. Ya no le gustó y preguntó “Martha qué?”. “Estrada”, dijo la tabla. Ella se puso como un tití y se fue furiosa a buscar al novio, que resultó tener una amiga llamada así a la que mi amiga le cargaba celos. Después uno de los participantes decía que no sabía cómo yo me había averiguado ese nombre para hacerlos pelear. La verdad es que nunca supe de dónde salió el dato.

No contentos con la manía de volver el lenguaje una pista de obstáculos con aquello de "los niños y las niñas" lo políticamente correcto ha llegado al esoterismo: desde hace diez años se consigue una tabla rosada solo para chicas

La otra historia: ocurrió que una familia amiga tenía una isla en la represa del Prado. Lo de “isla” viene de que cuando se inundó el terreno varias montañas quedaron sobresaliendo formando “islas”. A una de esas fuimos nosotros a pasar las festividades de año nuevo. La entidad se llamaba Basil y empezó a responder hasta que una chica empezó a decirle en tono cavernoso “manifiéstate” hasta que la mesa, un vidrio de una pulgada, estalló. Estalló: no se rajó, no se rompió, estalló lanzando esquirlas. Siempre pudimos apoyarnos mal, pero le prendí fuego al papel y nos reunimos en el porche cuando empezó una humareda. No seré tan melodramático como para decir que era azufre, pero sí como cuando se quema caucho: el papel, al que le había prendido candela casi una hora antes, estaba prendido y arrojando humo espeso. ¿Han tratado de pegarle fuego a unas cenizas? Y ¿quién lo hizo? Estábamos en una isla y todos los presentes estábamos en círculo alrededor de una torta de cumpleaños.

Después hice varias Ouija más. Predijo notas de algunos compañeros, dio teléfonos de objetos perdidos, aconsejó los temas de varios exámenes, pero sugestión o no empecé a vivir cansado, muchas cosas empezaron a reclamar mi atención porque no funcionaban bien y me neuroticé hasta casar peleas con muy buenos amigos míos. Pero aprendí a respetar mucho más estas prácticas, la necesidad de estudiar y no sólo contar con la capacidad personal y a formarme fronteras mucho más precisas con otras prácticas que no son tan inofensivas y que uno se pone a ensayar de curioso.

Origen

William Fuld

Se supone que el nombre viene de juntar las palabras para “sí” en francés (Oui) y en alemán (ja), pero como la explicación suena pobre, una leyenda dice que Charles Kennard, quien patentó la tabla, soñó la palabra inscrita en un monumento del antiguo Egipto y significa “buena suerte”. Suerte fue lo que hubo porque la tabla se vuelve un hobbie popular siempre que Estados Unidos entra a una guerra, empezando en la primera guerra mundial: la nación necesita algún medio para seguir el destino de los soldados (CNN ha reducido esa necesidad, pero la gente no quiere saber el destino del ejército sino de un soldado en particular) Su momento de gloria fue en la guerra de Vietnam, cuando se vendieron 2,3 millones de tablas en un año.

La leyenda dice que Kennard vio moverse solo un plato sobre un mantel de letras y deletreó “paténteme”. Más guapo él, que viendo tal cosa se pone a transcribir letras… En fin, nunca he entendido porque es posible que Constantino viera letras escritas con estrellas pero Kennard no pudo ver un mantel hacerle un chat. Como sea, se alió con Elijah Bond, aseguraron la patente en 1891 y montaron una fábrica.

El diseño clásico de la tabla de Fuld. Sin muchas variantes, es la misma que todavía vende Parker Brothers

Uno de sus empleados, William Fuld, con su hermano Isaac, decidió producir tableros por su cuenta bajo la marca “Ouija”, palabra frecuente en círculos europeos dedicados a buscar un “telégrafo espiritual”, en un siglo XIX que se debatía entre nuevas tecnologías y ancestrales creencias. Fuld se salió con la suya: su nombre está ligado a la Ouija, muchos le creen el inventor y se hizo millonario luego de robarse la patente. Para más ironía, hasta 1927, cuando murió, demandó con éxito a compañías que trataron de hacer sus propias tablas, incluidos sus antiguos jefes. Sus sucesores vendieron los derechos a Parker Brothers en 1966, quienes producen la tabla con el eslogan: “Es sólo un juego… no?”

El progreso no se detiene: esta es la versión para geeks que promociona actualmente Parker Brothers

El gran encanto de la Ouija es que es “espiritismo para dummies”: no requiere conocimientos ni ambientes aparatosos. Fuld nunca aceptó haberse robado la patente sino que buscaba una forma más sencilla y económica de comunicarse con el más allá rodeando a los medium. Era una irresistible combinación de “ciencia” (como telefonear cuando el teléfono era un milagro) y espiritismo “hágalo usted mismo”.

William Fuld decía en sus últimos años que el espíritu de su hermano lo acosaba. Razones tenía: William no sólo robó a sus antiguos jefes sino a su hermano, al que dejó por fuera de la patente. Así que la pobre tabla tiene hasta en eso un origen pecaminoso…

Difícilmente hay un villano más reiterado en el cine que la pobre tabla: cada que se quiere desatar una posesión demoniaca en un guión agarran a la pobre... porque todos conocemos historias ciertas de esas de un amigo de un amigo! En la entrada en español de Wikipedia hay una historia espantosa "transmitida por CNN"... a la que alguien le puso "favor poner cita" y así sigue

¡Ah! Una última cosita: más de un creyente o esoterista de línea dura va a tener la tentación de escribirme para insultarme o condolerse. Por favor absténganse: yo me entiendo con Dios, no con subalternos. Cualquier otro comentario o historia, sea bienvenida!

Pio IX

Los emperadores, los reyes, los zares han reinado de manera absoluta pero sus decretos nunca fueron obligatorios para sus sucesores: un nuevo emperador podía negar, cancelar, contradecir, negar, revocar o denunciar el juicio de un predecesor. Un papa no: las decisiones papales no pueden cambiarse así hayan pasado décadas

Para las actuales generaciones de católicos la “infalibilidad papal” no es clara, si es que están enterados de ella. Los tiempos actuales han traído una curiosa forma de pensar: un católico elige partes de la doctrina y deja de lado lo demás. Lamentablemente no hay nada más opuesto al catolicismo: la fe personal se parece más a las confesiones protestantes; en el catolicismo, la fe es un patrimonio común, administrado por la jerarquía eclesial. Todo aquello que ellos indican es dogma, una creencia obligatoria.

Ascensión de la virgen, de Rubens. La infalibilidad papal sólo se ha usado en dos ocasiones explícitamente: en su proclamación, en 1870, y en 1950, cuando Pio XII hizo de esta creencia un dogma

Bueno, la infalibilidad papal es dogma. Esta doctrina establece que el papa no puede errar hablando de fe. La doctrina se basa en la creencia de que la iglesia fue establecida por Cristo; por tanto, Dios habla a través del papa y una decisión no puede estar en error y no puede ser revertida. Más simple: Dios no necesita cambiar de opinión nunca. Y cuando el papa habla de moral y fe, sólo es el altavoz divino.

La infalibilidad papal está inspirada en de “Tú eres Pedro y sobre esa piedra edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18-19). El silogismo no es difícil pero como cualquier silogismo, corre el riesgo de poner a la gente a decir lo que no ha dicho “porque de lógica eso es lo que quiso decir”: si Pedro es el cimiento de la iglesia, y los papas son sucesores de Pedro, cada papa es el cimiento de la iglesia y el edificio, sin él, tambalea.

A ver: Pedro no se llamaba Pedro, se llamaba Simón. Cristo lo comparó con una piedra y sobre esa piedra levantaría su iglesia y le puso una especie de apodo: Pedro, que no se vuelve a repetir en ninguna parte. ¿Levantó la iglesia sobre Pedro? Sí, sobre la piedra. Pero ¿cuál era la piedra? ¿Simón? Desde el primer concilio de Nicea (325) hasta el de Constanza (1414-1418) se proclamó que el sustento de la iglesia era Cristo y la piedra a la que se refería no era Simón sino la fe de Simón, que no era ni mucho menos privativa suya, sino un ejemplo de vida. Claro, Simón pasó a la historia como Pedro, la piedra se volvió nombre propio.

Entran acontecimientos políticos. Primero fue la caída de Roma en los años 410 y 455, que dejó al imperio romano acéfalo, aunque sobrevivía Bizancio. Pero Roma era Roma… si hoy no se pueden dejar morir a Wall Street y toca regalarles un billón de dólares ¿se imaginan el vacío de poder que dejaría el desvanecimiento del más formidable aparato político, económico, social y militar de Occidente? Alguien tenía que encargarse… y ese alguien, gracias en parte a las decisiones imperiales, en parte a su sagacidad política, en parte a la suerte y algunos dirán que gracias en mucha parte al favor divino, fueron los papas.

Cuando Pío IX llegó al trono sabía que luego de casi 1400 años los días de los Estados Papales, el reino secular del papado, estaban contados; los Estados Papales pronto serían anexados a las fronteras del reino de Italia… y el papado no sólo tenía poco para evitarlo sino que se suponía que no debía interesarles, por aquello de “mi reino no es de este mundo”. Pero les interesaba. Y mucho. Sobre todo a Pío IX, que tenía el turno al bate.

La Virgen Inmaculada, el primer "experimento" de infalibilidad papal. Posiblemente la advocación mariana más popular del mundo

Viendo desvanecerse su poder temporal, Pío IX decidió explotar su autoridad espiritual. Y empezó lanzando un globo: el dogma de la Inmaculada Concepción. Parecerá un exabrupto decirle así a una de las creencias favoritas del catolicismo, pero lo lamento: en lo que toca al dogma, fue un pie probando el agua. El 8 de diciembre de 1854 el papa “ejerciendo autoridad extraordinaria”, que es como cuando un gobierno pide poderes de emergencia, declaró dogma la Inmaculada Concepción.

Como dijo el secretario del papa, “lo importante no es el nuevo dogma, sino cómo fue proclamado”: esencialmente infalibilidad papal. La Inmaculada tenía apoyo en Italia, España y Portugal pero los obispos de otros países preferían dejar que sus fieles creyeran lo que quisieran sobre si María tenía o no pecado original. De hecho, hasta el siglo XII la iglesia creía lo contrario: María tenía pecado original por provenir de una unión sexual y el único ser libre de esa mácula era Cristo. La idea fue cambiando a medida que la popularidad de la virgen fue aumentando; cuando Pío IX proclamó su bula, hizo claro que nadie se salvaría sin abrazar 100% esa idea.

Sesión inaugural Concilio Vaticano I

Habiendo probado las aguas, dieciséis años después convocó al primer concilio vaticano. Todos los obispos sabían lo que les iban a pedir que votaran entre asuntos sin importancia: la infalibilidad. Y lo inauguró el 8 de diciembre, aniversario de la proclamación de la Inmaculada.

Los obispos se temían un cisma. Aunque la escritura tiene sin duda evidencia de la infalibilidad de la iglesia (que uno lo crea o no es otra cosa, pero el texto está) no es lo mismo creer por extensión en la infalibilidad de su cabeza máxima. Temiéndose lo peor, el día de votar la infalibilidad papal debió caer una epidemia en Roma porque muchos obispos se enfermaron y dejaron la ciudad, eso sí dejando una nota muy sensible pidiendo excusas. En la votación 451 obispos votaron por el “sí”, menos de la mitad de los 1084 que podían haber participado en el concilio y menos de las dos terceras partes de los obispos que habían llegado a la sesión inaugural.

Edward Fitzgerald, arzobispo de Little Rock, Arkansas, USA. Uno de los dos votos opuestos a la infalibilidad papal, cambió su posición inmediatamente luego de la votación definitiva

Cualquier parecido con algunos referendos es coincidencial; el raciocinio fue así: si el papa es infalible ¿para qué aprobación? Pío IX procedió a desconocer la votación y convocar otra aconsejando “No gasten palabras donde no hay nadie para oírlas”. Les hizo a saber que no se consideraría el censo de obispos, los presentes, fueran quienes fueran, bastarían. Y por si acaso, les aviso a sus oponentes que si votaban en contra los excomulgaría. El 18 de julio de 1871 535 obispos aprobaron la infalibilidad papal, sólo dos votos en contra, que inmediatamente se plegaron a los deseos del papa.

Hasta hoy nadie ha publicado una historia del Concilio Vaticano I basada en fuentes primarias y todo se ha reconstruido usando correspondencias privadas de los participantes o lo que sus amigos contaron. La Iglesia compró o confiscó los papeles de todos los participantes, las actas se sellaron y cuando en 1966 los archivos vaticanos secretos abrieron los documentos tocantes al pontificado de Pío IX, las actas del concilio permanecieron selladas y así siguen hasta hoy

El graffiti es viejo; los hay en paredes del antiguo Egipto, Grecia y Roma con fines no muy diferentes al vandálico/rebelde/expresivo que le dan los estudiantes de algunas universidades, al menos en América Latina. Pero el más famoso y ubicuo de los graffiti modernos surgió a mediados de los 1940, en plena segunda guerra mundial: Kilroy, que estaba aquí, allá y en todos lados.

Era una cara de ojos grandes y calva asomándose por encima de una cerca que lo tapaba, excepto los ojos, una enorme nariz y los dedos. Si los graffiti se pudieran patentar, este dibujo se habría comido al desayuno a Ziggy: este garabato, con su pretencioso lema “Kilroy estuvo aquí” en 1944 aparecía en baños de gasolineras en la mitad de la nada por todo el hemisferio norte, cocinas de restaurantes, catedrales demolidas a bombazos y en las paredes las salas de juntas de los ejércitos aliados (y los cuarteles nazis, a medida que los iban tomando, haciendo una lista de chequeo de curioso humor negro).

Kilroy en el Muro de Berlín. Conservado en el Smithsonian, Estados Unidos

Durante más de una década, arrancando en 1942 y alcanzando su pico entre 1944 y 1945 Kilroy estuvo en todas partes: según sorprendidos reportes Kilroy pasó por la antorcha de la Estatua de la Libertad, por los cimientos del abaleado puente Marco Polo en China, en la cara inferior del Arco del Triunfo en París, en chozas de la Polinesia, en la baranda del puente George Washington que conecta New York con New Jersey. Aun cuando la moda cayó, alguno de los bromistas del Apolo XI lo dibujó en el polvo de la luna (entre risas aseguraban que Kilroy había llegado antes) y la última vez que se le vio fue en un campo de prisioneros en Siberia, luego de la caída soviética, aunque Kilroy había pasado por allá muchos años atrás.

Kilroy está tan incrustado en el imaginario colectivo de la generación de la guerra en Estados Unidos que aparece hasta en la ambientación de las películas. Aquí en "Patton", 1970

Durante la guerra se hicieron concursos para llegar antes que Kilroy, siempre infructuosos. Los equipos buzos de demolición en la guerra del Pacífico, que precedían al grueso del ejército y por tanto eran los primeros soldados en llegar a las fortalezas japonesas, varias veces encontraron al ubicuo Kilroy en cajas de provisiones enemigas en una isla donde físicamente no podía haber americanos o británicos ni siquiera presos. Y un comando aerotransportado de paracaidistas aterrizó en un atolón diminuto, menos de un kilómetro de área, desierto, sólo para encontrar una tabla donde aparecía una poesía escrita en tiza que terminaba con el verso “Kilroy was here”.

No siempre apareció en teatros de guerra: por un tiempo las sorprendidas mujeres de Chicago se quitaron sus impermeables para encontrar que Kilroy había dejado en ellos un rastro de tiza. En California un médico se topó con el garabato en la sala de preparación del quirófano. Y una mujer, luego del parto, quedó aterrada al ver dibujado sobre su barriga al muñeco en tinta azul afirmando que Kilroy había estado ahí.

Yo trabajé en una empresa donde no había nada más eterno que un contrato temporal. Kilroy es un fenómeno similar: empezó como una pintada callejera y acabó gravado en piedra para la posteridad, escondido en un rincón del memorial de la II Guerra Mundial, en Washington

La aparición más llamativa fue en 1945 durante la conferencia de Postdam. Los VIP eran Truman, Stalin y Atlee, que tenían el uso exclusivo de un opulento baño de mármol, fuera del alcance de cualquier otra persona (a los líderes les gusta hacer creer que ellos no… y sí) y al segundo día de la cumbre un agitado Stalin salió del baño a preguntarle a uno de sus asistentes: “¿Quién es Kilroy?”

Kilroy participó en cada entrenamiento por agotador que fuera, cada combate por mortal que resultara, cada invasión por apretada que la diseñaran. Era alguien con quien se podía contar, alguien que literalmente siempre estaba ahí, un paso adelante hacia el fragor de la batalla… o hacia el regreso a casa. Era el supersoldado.

No sólo la generación de la II Guerra usó la leyenda. Styx, un grupo de rock formado en los setenta pero que tuvo sus mayores éxitos comerciales en los setenta bautizó en su honor uno de sus álbumes más recordados en incluyó en la canción "Mr. Roboto" el verso "I'm Kilroy"

Por supuesto, Kilroy no era “un” soldado de carne y hueso, sino un chiste patrimonio de la nación. Como el tío Sam, Kilroy simbolizaba los ejércitos de los Estados Unidos. Pero de algún lado tuvo que salir, alguien tuvo que ser el “primer Kilroy”. La verdad es que su origen es un misterio que no se ha resuelto pero ha merecido libros.

El más vigoroso contendiente para el trono fue James J. Kilroy, un inspector del astillero de Bethelem Steel en Quincy. A los puristas les parece que la explicación sigue incompleta, y en honor a la verdad así es, pero hasta ahora sigue siendo la mejor disponible.

Usualmente los inspectores ponían una marca con tiza en las filas de remaches listas, se contaban los remaches y se le pagaba al operario a destajo; la marca servía para no contar dos veces el mismo remache. Por supuesto los operarios (americanos raizales ellos, es decir, los dignísimos abuelos de los buenos americanos de hoy, que como se ve ya hacían sus torcidos sin necesidad de un aluvión de inmigrantes latinos para enseñarles, como claman los xenófobos) descubrieron pronto que podían borrar las marcas y cobrar doble.

Kilroy le puso alto a la práctica escribiendo en mayúsculas “Kilroy was here” (“Kilroy estuvo aquí”) al terminar cada turno. Habría sido más fácil usar pintura, pero muchas veces el espacio era demasiado pequeño. Luego los barcos zarpaban todavía sin pintar y los oficiales de mantenimiento, al retirar paneles empezaron a encontrar el misterioso nombre en sitios sellados de las naves, donde nadie podía haber entrado. A partir de ahí no tomó tiempo que “Kilroy” se convirtiera en un híbrido entre un valeroso camarada y un Gran Hermano observando el desempeño de sus compañeros.

James J Kilroy con su familia en el vagón de tranvía que se ganó por ser "el auténtico Kilroy"

Esta historia se supo en 1946 cuando la American Transit Association, lanzó un concurso que le daría de premio un carro de tranvía a quien pudiera probar que era el auténtico Kilroy. El inspector de Bethelem se alzó con el premio. El vagón, entre otras, jamás volvió a rodar: James J. Kilroy lo puso en el patio para acomodar a seis de sus nueve hijos, solucionando una inminente crisis de vivienda familiar

Otra lectura de Luis Felipe Tenorio y La Experiencia Tarot, desde Cali, Colombia. Esta respuesta corresponde a una persona que hizo una pregunta y seleccionó sus propias cartas. La respuesta sólo es válida para ella y se propone solo como ejemplo y tema de discusión. El procedimiento para hacer preguntas está http://luisftenorio.wordpress.com/lecturas-en-linea-procedimiento/ . ¡Los invito a leer otros artículos y ejemplos de lectura en esta bitácora y a compartir La Experiencia

Me pregunta esta consultante por el futuro de su empresa. Tus cartas, “La Muerte”, el 5 de copas, “El Mago”

No tengo claro cuáles son las circunstancias que te llevan al montaje de la empresa: quedarse sin empleo, una crisis familiar o simplemente un momento en el que tomas conciencia de que es lo correcto y lo que toca hacer. En todo caso “La Muerte” es una carta de cambio que, a diferencia de la brutal “Torre” da tiempo para poner en orden los asuntos personales y permite cerrar con tranquilidad y dignidad los ciclos anteriores de la vida para seguir hacia delante. Sin embargo, hay todavía un cierto nivel reacio a asumir la realidad de la empresa: o extrañas un antiguo empleo, o alguna forma similar de seguridad anterior, pero en todo caso al momento de esta lectura hay todavía algunas dudas pendientes de resolverse y últimos tramos de tu historia pasada por cerrar (a veces esta carta no se relaciona con antiguos empleos, es posible que no hayas estado empleada jamás, sino con las fantasías que se tenían al comienzo, a las cuales uno tiene que ir renunciando ante las presiones de la realidad; esas renuncias nunca son fáciles). Pero llegamos al desenlace en “El Mago”: para una nueva empresa, es difícil pedirle al mazo una carta más adecuada como padrino para ese proyecto. “El Mago” con su inmensa fuerza de voluntad, su incansable devoción a los resultados y su agudo sentido de destino da unos resultados extraordinarios en este tipo de situaciones.

La promesa del tarot: el momento actual no es el más feliz de todos en el proceso de tu empresa. Se siente un poco forzado, un poco extrañando “otra cosa” sea un mítico pasado glorioso, sea una idea diferente que tenías al momento de comenzar. Pero tienes dentro de ti todas las reservas necesarias para prevalecer, imponerte y terminar haciendo las cosas con unos resultados excepcionales. Se trata de no desfallecer y se trata de recordar que nadie dijo que este proceso fuera sencillo, pero tus logros personales son inminentes y reales.

Unas semanas antes de vacaciones mi amigo Dario Esteban Recalde me preguntó si las vidas del gato eran siete o eran nueve. “Nueve”, contesté al insigne amanuense del Gato con Botas en su blog, pero desde entonces la pregunta me dejó intranquilo por una parecida: ¿cuándo el gato se volvió de mala suerte?

Es decir, yo sabía el número de vidas y sabía que el gato había sido una deidad en el Egipto faraónico, e incluso sabía que en Twiiter tengo buenas amigas que atestiguan por la perenne popularidad del animalito tales como @theblackcathat y @lavozdeunagata pero no tenía idea del camino que había llevado al gato de dios adorado a heraldo de desgracias. La historia es incluye salud pública, xenofobia, intolerancia y sobe todo mucha, mucha imaginación macabra.

En lo que tiene que ver con supersticiones el miedo a los gatos negros es de origen reciente. Y por supuesto, es la antítesis del reverenciado lugar que tuvo el gato desde cuando fue domesticado por primera vez, alrededor del año 3,000 a.C.

Momias felinas egipcias

Todos los gatos, incluidos los negros, eran muy estimados entre los antiguos egipcios y protegidos por ley de heridas o muerte propinadas por los humanos. La adoración era tan intensa que la muerte de una mascota ponía de luto a la familia, y embalsamaban sus cuerpos exquisitamente, envolviéndolos en lino y poniéndolos en vasijas de materiales preciosos como bronce y madera – un bien escaso en un país casi carente de bosques. Cementerios gatunos han sido desenterrados y son usuales las momias de los felinos.

Tumbas de gatos en una inmensa necrópolis felina del antiguo egipto. Los enterraban con ratas, para que no les faltara comida...

Impresionados por la manera en que el gato puede sobrevivir a numerosas altas caídas sin un rasguño, fueron los egipcios los que originaron la creencia en las nueve vidas.

La popularidad de los gatos se extendió rápidamente. Escritos sánscritos de más de dos mil años de antigüedad hablan del papel felino en la sociedad india; en China, hacia el año 500 a.C. se sabe que Confucio tenía como mascota un gato. Hacia el 600 d.C. Mahoma predicaba con un gato en sus brazos y, aproximadamente en el mismo momento, los japoneses empezaron a poner gatos en sus pagodas para cuidar sus manuscritos sagrados.

El miedo a los gatos, en especial los negros, surgió en la Edad Media, particularmente en Inglaterra. La independencia felina, su sigilo y su desprendimiento de sus amos, que parece como si hicieran lo que les da la gana vinieron a confluir con una sobrepoblación del animal y eso llevó a su caída en desgracia. Encima, los gatos callejeros solían ser alimentados por mujeres viejas, solas y pobres y cuando la histeria por las brujas arrasó el continente muchas de estas mujeres fueron acusadas de practicar la magia negra. Por increíble que parezca, los gatos no sólo fueron acusados de brujería por asociación sino que ocasionalmente eran llevados a juicio. ¡Y luego de oír sus argumentos en cristiana corte, perdían!

Un cuento del folklore felino ilustra el pensamiento. En 1562, en Lincolnshire, Inglaterra, un padre y su hijo se asustaron en una noche sin luna cuando una criatura se lanzó al otro lado del camino, hacia un monte de rastrojos. Lanzando piedras hicieron salir a un gato negro herido y cojeando hacia una casa adyacente, perteneciente a una mujer sospechosa de ser bruja. Al día siguiente los hombres encontraron a la propietaria de la casa en la calle: su cara tenía moretones, tenía el brazo en cabestrillo y ahora cojeaba. Pues sí: tuvo más oportunidad un gato en la corte. La mujer fue instantáneamente llevada a la hoguera y desde ese día se sospechó que todos los gatos eran brujas disfrazadas. El cuento persistió y adquirió una presentación religioso-jurídica que volvió no sólo atractivo sino prácticamente un mandato creer que las brujas se convertían en gatos negros para acechar almas inermes. Esa creencia fue central en la masacre de las brujas de Salem, en Estados Unidos.

El camino es claro: a medida que el mundo se encogía y llegaban a Europa noticias del medio oriente, resaltaba el papel de los gatos en sociedades que eran paganas y más magnificentes que ninguna nación europea, lo cual es combinar xenofobia con envidia, aderezado por una iglesia decidida a villanizar a los faraones (remember Exodus…) y las sociedades no cristianas. A eso súmele el problema de la sobrepoblación felina… y tiene un curioso caso de castigo divino: la masacre de gatos ayudó a aumentar la población de ratas y con ellas el último brote de la mortal peste negra. Más de un felino debió ronronear de placer en su cobija de lana en el más allá gatuno.

Ya sé que les pido creer mucho... pero ESTO es la tumba de un gato. Está en el Cimitiere des cheins, en Asnieres-sur-Seine, Paris. Como su nombre indica, es un cementerio de perros pero en su exclusiva clientela (y no es una forma de hablar: es carísimo) incluye mascotas como gatos, caballos y aves. Allá está enterrado Rin Tin Tin, por ejemplo

Muchas sociedades en la Edad Media trataron de extinguir a los gatos. A medida que el miedo a las brujas escalaba a paranoia, muchas mujeres fueron incineradas con sus mascotas. Un bebe que naciera con los ojos demasiado brillantes, una personalidad precoz y una cara con algunas características felinas corría el grave riesgo de acabar no digamos que en la sartén pero sí en las brasas: se le sacrificaba por temor a que albergara un espíritu diabólico. En Francia, miles de gatos fueron quemados cada mes hasta que Luis XIII le puso un alto a la práctica en 1634. Dada la cantidad de siglos en que los gatos negros fueron masacrados a través de toda Europa, es sorprendente que el gen del color no hubiera sido borrado de la especie… a menos que tuviera nueve vidas, claro

De los símbolos cristianos la cruz es el más universalmente reconocido, existente en unas cuatrocientas configuraciones. Hasta el siglo sexto las cruces eran mostradas sin la figura de Cristo, pues mostrar la agonía era demasiado doloroso. Además ¿quién se iba a atrever a recrucificar a Cristo?

Hoy la imagen del Cristo sufriente es la más reconocida del arte cristiano, por encima de cualquier otra y el resultado ha sido una insensibilización al dolor aunque la mayoría de los cristianos no lo acepten. La prueba más reciente fue el debate por “La Pasión de Cristo”, de Mel Gibson, que generó un rugido por su morbosa crucifixión. Gibson se limitó a mostrar lo que dicen los evangelios, lo que pasa es que una cosa es que uno oiga “quinientos azotes” y otra muy distinta que mostrar con la vivacidad de una película como queda alguien a quien azotan quinientas veces.

Los romanos no fueron los que tuvieron la ocurrencia de la cruz: la tomaron de los fenicios, el pueblo que ocupó lo que hoy es Libano y parte de Israel. El mismo pueblo que nos dio el alfabeto nos dejó la crucifixión.

Cristo en una cruz Tau. La pintura muestra la solución que dieron al problema del INRI los defensores de esta teoría

Los primeros tiempos de la cristiandad, que tenían proclividad por debates que hoy se ven simpáticos, dedicaron ingentes energías a resolver en qué tipo de cruz habían atormentado a Cristo. Y como suele pasar, el tema quedó sin resolverse: algunos afirmaban que se trataba de una cruz immissa o latina, que sobresale por encima de la cabeza de Cristo. La contendiente es una Cruz Tau o griega, una T mayúscula. Naturalmente la segunda opción deja en la oscuridad un elemento que aparece explícitamente en la Escritura y negarlo, aunque sea implícitamente, es blasfemo: ¿dónde iría el “Inri”? La cruz tau tuvo sus defensores porque, según la leyenda (la Biblia no es explícita) ese fue el símbolo de Moisés para distinguir las casas de los hebreos cuando la matanza de los primogénitos; así se verificaría otra de las profecías que resuelven la continuidad del Antiguo al Nuevo Testamento.

Con esta señal vencerás

Como tantas cosas de la cristiandad, le debemos la cruz como símbolo a un pagano: Constantino, quien se merece su post. El papa Eusebio (año 310) cuenta que Constantino vio con sus propios ojos una cruz triunfante en los cielos con la leyenda “In hoc signo vinces”, Con esta señal vencerás. Entonces hizo pintar en los escudos de sus soldados la cruz con las dos primeras letras del nombre de Cristo y derrotó al tirano Maxentius, aunque éste tenía un ejército más grande.

La señal en el cielo de Constantino, por Rafael Sanzio

Maxentius no era más tirano de lo que era Constantino y ambos tenían iguales derechos al trono, o al menos iguales derechos a irse a la guerra para quitárselo al otro. Pero en este caso la historia no sólo la escriben los vencedores sino los directos y evidentes beneficiarios de que ganara quien lo hizo, así que Maxentius acabó como tirano por partida doble.

Como sea, ya en el trono, Constantino despachó a su madre, santa Helena, a buscar la santa Cruz. La santa mujer, de ochenta años, seguramente ya no tenía algunos de los más notorios atributos para la arqueología de Angelina Jolie como Lara Croft, pero otros tendría porque la encontró, o eso dice la tradición.

Durante los siglos IV y V se pintó la cruz sin el crucificado. Cristo comenzó ser incluido hacia el final del siglo VI, pero nadie se atrevía a pintarlo en medio del dolor y la humillación: lo pintaban con una túnica de la realeza, a veces incluso una dorada y recargada corona y sólo estaban descubiertos sus pies y sus manos con los clavos, primorosas piezas de orfebrería: Cristo, cuyo reino estaba próximo, tenía los ojos bien abiertos y magnífica sonrisa.

La primera imagen de un Cristo sufriente vino a aparecer en el siglo X y no gustó para nada. Hasta el papa la condenó por blasfemia (muy conveniente que en ese momento no se hablara de infalibilidad papal y el sumo pontífice no estuviera condenado a tener siempre razón, o la representación de la crucifixión se habría visto en problemas). Durante los siguientes trecientos años los artistas comenzaron a poner a un Cristo cada vez más sufriente, profundizando las heridas de sus manos, añadiendo una dolorosa corona de espinas y un goteo de sangre cada vez más liberal.

Es interesante que Cristo nunca aparece desnudo, como era usual en las crucifixiones: ¿a quién se le ocurre que luego de desollar a un hombre a latigazos (y hablo de cualquier condenado) y colgarlo su modestia importaba y le dejarían un taparrabos? Es decir ¿para qué? Muchos historiadores creen que el taparrabos tiene que ver menos con el pudor de la Edad Media, del que no había mucho, y tenía todo que ver con que Cristo, un judío, hubiera tenido que ser circuncidado.

Representación medieval anónima. Como puede verse, el taparrabos fue el resultado de encoger prendas más largas. Aquí el proceso ya había iniciado pero no terminaba

No hay tal, dirá alguien: bastaba con quitar la circuncisión. Pues… no. Por la misma razón que no puede darse crédito a la cruz tau: el arte no podía quitar de la escritura lo que le apeteciera. Si iban a mostrar a Cristo desnudo, debía ser circuncidado o modificaban el evangelio, cosa gravísima.

La mayoría de los hombres europeos no eran circuncidados. Un Jesús sin prepucio hubiera sido un desagradable recordatorio de que el Dios que ellos adoraban había sido judío, el mismo pueblo que los cristianos culpaban de matar a Cristo. El segundo y tercer concilio de Letrán establecieron la doctrina de los judíos como asesinos de Cristo y los hicieron ponerse símbolos de vergüenza; ahora que el Vaticano está en plan de aproximarse a Israel de nuevo cae bien que en esa época no hubiera infalibilidad papal y podamos olvidarnos de esos decretos.

Para el siglo XIII el Cristo en la cruz era una pesadilla, bañado en brillante sangre roja y con cara de agonía. Fue en esta época, específicamente en 1224 cuando los místicos empezaron a experimentar los estigmas. Pero el Cristo crucificado sólo se volvió un signo ampliamente aceptado durante la Contrarreforma: tanto católicos como protestantes hicieron del Cristo crucificado una metáfora de sí mismos, atormentados por sus enemigos en nombre de sus principios, como si fuera un segundo via crucis

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