“Virgen”: del latín Virgo, “doncella”, que viene de una raíz similar a Virga, una rama que nunca se ha roto, de donde viene aquello de las vergas de los veleros y otras no tan navales: etimológicamente el símbolo de la pureza femenina y de la agresividad masculina vienen de exactamente el mismo lugar ¿no es curioso? Como para los orgullosos homofóbicos…
Vamos a hacer una serie breve sobre la virginidad en las religiones occidentales, pero para eso vale la pena empezar con un poco de contexto.
La virginidad parece un concepto bastante preciso y contundente: se es o no se es virgen; la rama se ha partido o no. Pero resulta que el concepto tiene una gran cantidad de variantes:
x En algunas culturas una mujer que no se ha casado sigue siendo virgen aunque sea una prostituta, sólo a través del matrimonio pierde la virginidad: el día de su matrimonio es tratada como virgen, se le viste de blanco y es su esposo quien la “hace mujer”, para usar esos lamentables eufemismos de radionovelas de los años cincuenta.
x En otras partes una mujer casada sin hijos sigue siendo virgen: la virginidad se pierde solo cuando el primer hijo pasa a través del canal vaginal, es decir no es el “comercio carnal” (sigamos repasando eufemismos lamentables) sino la maternidad lo que destruye la virginidad.
x Algunos pueblos temen la “sangre de una doncella”, así que un hombre se casara solo con una mujer cuyo himen haya sido destruido por un extraño cuyo oficio es “desflorar” vírgenes. El trabajo se considera arduo y el hombre valiente (a mis amigos, que sé que me van a preguntar: no, no sé dónde se pueden pasar currículos para ese puesto). Esta mujer le ofrece a su esposo la forma más pura de virginidad, pues el sexo no presenta riesgo.
Si estas definiciones nos suenan absurdas, recuerden nuestra propia definición: en la sociedad occidental una mujer es virgen hasta que tenga sexo vaginal, el sexo oral o el anal o las caricias están excluidas de la limitación, así sea con tres docenas de hombres a la semana.
Desflorando novias con consoladores sagrados

¿Quien dijo que todo esta inventado? El 20 de marzo de 2009 msnbc.com reportó que una mujer ingresó de urgencias a un hospital de Lexington Park, Maryland por "heridas inusuales". Para ponerle picante a su vida de pareja, intentaron algo nuevo: un juguete hecho en casa. Su esposo le pegó un consolador a una sierra eléctrica para usar el alto poder de la sierra. NATURALMENTE pasaron dos cosas: en dos o tres segundos la velocidad de la fricción hizo estragos en las paredes vaginales y en menos de cinco segundos la sierra rompió el caucho... Supongo que algún dia se reirán mucho juntos del incidente
Un consolador es cualquier objeto diseñado (o creativa y rápidamente adaptado) para ser insertado en la vagina o el ano. A diferencia de los vibradores, el consolador no vibra y su función básica es martillar.
Una típica novia actual llega al altar sin ser virgen, sea a manos de su futuro esposo, un novio anterior, un encuentro de una noche, un consolador, una orgía, un bate o un caballo, al decir de algunas leyendas urbanas y al gusto de cada cual. Pero en muchas culturas la chica perdía la virginidad a manos de los sirvientes de su futuro esposo para ahorrarle la tarea.

Frontis de "Manual del amor conyugal" de Nicolas Venette. No es demasiado raro, se puede ver en la Biblioteca Nacional de Colombia y, según me dicen, en la del Colegio de Buenos Aires
Decía Nicolas Venette, santo patrón de los sexólogos (en realidad ningún santo, el primer médico que se dedicó a estudiar y escribir específicamente sobre la función sexual diferenciándola de la reproductiva) en el siglo XVII:
No me sorprendería si los fenicios, como se dice, hacían desflorar a sus hijas por sirvientes masculinos de la casa en cuanto llegaban a la pubertad para volver sus genitales más adecuados para el placer en su lecho matrimonial. Es imposible predecir el desagrado y el dolor que tendrá que sufrir una pareja en esa tarea; lejos de encender la pasión de su mujer, es más probable que consiga ira y dolor en ella y se convierta su esposo no en un tierno amante sino en un recuerdo aversivo y ella quedará obligada a buscar un amante que no le recuerde ese horrible momento.
Grecia, Roma, Africa, Arabia…
En Grecia desvirgar una chica “en edad de merecer” (de una familia aristocrática era común. Su himen era perforado por el pene de piedra (literalmente, no es para que algunos se ilusionen con metáforas…) del dios Priapo, de la fertilidad. Digo literalmente porque la vuelta la hacía una estatua y así la chica no sólo quedaba recalibrada para el matrimonio, sino que tenía garantizados muchos hijos por su primer amante.

Parece una locura, pero tengan en cuenta que en esa época las mujeres eran más valientes... Monumentos fálicos en la isla de Delos
En una era de adoración al falo (buenos tiempos…) era común que las estatuas tuvieran orgullosos miembros que jugaban papel como consoladores, y nunca mejor dicho, para vírgenes y mujeres infértiles. Hoy se ven en Delos penes de piedra que servían en esas ceremonias, algunos de más de un metro (Sin preguntas. Algunos estarán pensando en la cara de estas chicas mientras decían entre risitas “¡Pero es una locuraaaa!”)
En la antigua Roma había una variante. Una cruel definición de espanto dice que es mezclarle arena a la vaselina y Talking Heads bautizó su recopilación Sand in the vaseline. Pues bien, en la antigua Roma el “dios” encargado de hacer esta aburridora tarea era Liber, cuyo miembro era lubricado (juro que así dice el texto) con arena para asegurar que la tarea quedara completa.
Durante su fiesta, las Liberalia, al comienzo de la primavera, se entraba a la ciudad un falo de dos metros (un tronco, al que diga que tiene medidas similares no le crean) y una doncella pretendía tener sexo con el arbolito y luego le ponía una corona, asegurando otro año de fertilidad para Roma. ¿Absurdo? Las Liberalia facilitaron una tradición pagada detestada y seguro ni uno solo de ustedes la ha visto: el árbol de navidad.
Ahora, los consoladores y la relación con las vírgenes, como todo, tienen una pesada carga cultural. Hasta comienzos del siglo XX había desfloración artificial ritual en algunos pueblos de Africa.
La primera noche del matrimonio estaba llena de peligros para el hombre, por el sangrado. El trabajo de desflorar a las doncellas (y no es una forma de hablar: era un trabajo) con artefactos de forma fálica o un miembro auténtico quedaba relegado, nada de reservado, al hombre más piadoso de la tribu ¡Que les digan que la piedad no trae su recompensa! Debido a que era un religioso al que no le interesaba el sexo, estaba protegido de la contaminación y la posesión demoniaca. Quedaba a su gusto (literalmente, pues la atracción tendría algo que ver) si procedía con un consolador o su pene. El consolador, en especial si la mujer iba a ser entregada a un rey, era de marfil con la figura de un dios de la fertilidad. Nada cómodo pero ya quedo dicho que era un trabajo; si el hombre no disfrutaba, ella tampoco!
Finalmente, ni en la Biblia ni en ninguna parte se nombra la fruta prohibida del Edén. Los árabes, que comparten el mito con los judeocristianos no piensan que fuera la manzana sino el banano. Adivinen por qué…












































