¿Es pecado hacerse leer las cartas? Cuando la gente sabe que yo conozco el tarot, tarde o temprano sale esta pregunta. Al lado de “¿Pero usted sí es acertado?” es la pregunta más frecuente. Quizá sea un error táctico poner un tema tan espinoso en un grupo joven, pero prefiero sacarlo del camino de una vez.
La respuesta es no, no es pecado. Para empezar, el cristianismo tiene las particularidades que le da la herencia romana del derecho. Mientras otras religiones enfatizan la ética positiva, en el cristianismo la prohibición iguala y supera la importancia de los preceptos positivos, una herencia del paradigma legal romano
Ahora, aceptemos la infalibilidad de la iglesia señalando los pecados a evitar en la ruta al cielo. ¿El tarot es uno? La primera referencia a naipes, en cualquiera de sus formas, está en una lista de documentos de Berna, en 1367 donde se prohíbe el JUEGO de cartas. Y la primera referencia a los naipes por un representante de la iglesia es del monje Johannes von Rheinfelden, en 1377, donde se limita a describir el mazo de cartas. De ahí, hasta el primer tarot impreso casi un siglo después, la prohibición que conocemos era apostar.
El tarot (c. 1440) casi coincide con la imprenta y eso produjo un efecto curioso. Varias ciudades desarrollaron con la imprenta una vigorosa industria editorial y las cartas eran muy apreciadas (servían como parte de dote). En una medida proteccionista, Venecia (1451), Londres (1466) Leipzig (1470) y Sevilla (1502) prohibieron IMPORTAR cartas y al mezclarse con la prohibición del vicio cierta aura de ilegalidad rodeó a los naipes. Pero aunque católicos o protestantes prohibieron con nombre propio otras prácticas (y recordemos que estamos asumiendo listas taxativas), no hay una prohibición específica del tarot.
Lo que sí han prohibido los cristianos explícitamente es la magia, donde cae la adivinación. Pero a diferencia de otras formas de magia (hechizos, filtros etc.), invocar la Biblia para prohibirla es terreno resbaladizo.
Las prohibiciones más fuertes son del Deuteronomio, aunque las hay por todo el Antiguo Testamento. Por un lado Moisés era un líder político que se apalancó en la religión (lo cual no niega sus milagros) y usó la ley para apoderarse del monopolio de la comunicación con Yahveh, el pilar de su poder. Uno se pregunta cómo les iría hoy a figuras como José y Daniel, que hicieron adivinación con los sueños (José sabe hidromancia, una práctica más deliberada). Balaam, que no recibe ni una palabra de desaprobación cuando pone su fuerza mágica al servicio de Yahveh, habría acabado en la hoguera y no citado como un ejemplo. Y leyendo en hebreo a Isaías y Ezequiel no se distinguen adivinos de profetas.
Resumo: (a) creo que uno debe vivir más según la regla de oro de “no hacer lo que no quieres que te hagan” que evitando prohibiciones; (b) aun si la lista de prohibiciones es exacta, no hay una prohibición explícita sobre el tarot en la historia; (c) no es nada claro el procedimiento para separar la adivinación de la profecía y aquí se tendría que hacer un acto de fe en la interpretación de los teólogos.