De los muchos tarots que pretenden llevar ese nombre, éste es el verdadero. Edición de U.S. Games Systems.

De los muchos tarots que pretenden llevar ese nombre, éste es el verdadero. Edición de U.S. Games Systems.

Luis Felipe Tenorio – La Experiencia Tarot – Cali, Colombia

Si toco este tema es sólo por la insistencia de quienes preguntan si existe un mazo que merezca llamarse LA baraja de tarot y, si la baraja de Saint-Germain no será ésa que supera a todas las demás.

Saint-Germain despierta pasiones comparables a los fanáticos seguidores de cualquier religión. Sus seguidores alegan que su vida y en general su obra deben verse desde lo espiritual, pues pierden sentido al confrontarse con la historia o la ciencia. Soy el primero dispuesto a aceptar eso, cada quien toma los mitos más convenientes para su desarrollo espiritual, y no me aparto que muchos de los que apelan a esta curiosa figura (que existió, no hay duda) lo hacen de esta manera algo simbólica. Otros repiten el discurso sin pararse a darle perspectiva, como la mayoría de los adeptos a cualquier creencia. Y luego están los granujas que usan para su provecho la jerga de la nueva era y se aprovechan de que por el mundo van personas necesitadas.

No tengo claro donde situar a Conny Mendes. Ella misma reconoció que no había estudiado esas ideas y sólo era una creyente, pero para no herir susceptibilidades la dejaré con los fanáticos cuya virtud reside en repetir su verdad sin darle ni un resquicio a la duda. Su educación en este campo empezó en 1939 con Emmet Fox, en 1945 fundó la Hermandad Saint Germain y en 1960 entra en contacto con las enseñanzas de Saint-Germain. Por qué bautizó su Hermandad con el nombre de un maestro que vino a estudiar quince años después sigue siendo para mí un misterio y si alguien me lo explica, ojalá no sea invocando una habilidad de plegar el tiempo. Por eso aviso: debatir desde los libros de Mendes es como discutir la fe del carbonero.

¿De verdad que se sabe sobre Saint-Germain? No mucho. Se sabe que existió por mínimas referencias de sus contemporáneos. La mayoría hablan (sin incredulidad) de la inmortalidad del conde, que habría conocido a Moisés, Jesús, Julio César y otros de similar calibre. Dado que era bastante longevo, si no inmortal, sus adeptos también han dicho que era Francis Bacon y escribió las obras de Shakespeare.

Hay que tener en cuenta que para finales del siglo XVIII (Saint Germain tuvo su momento hacia los 1750) hacia furor el movimiento romántico, con su afición por lo sobrenatural y lo exótico y para los europeos “exótico” significaba “oriente”. En esto había razones políticas: los ingleses se estaban abriendo camino a la India, los franceses a la Conchinchina y la bisagra de la puerta era el Medio Oriente, sobre todo el imperio otomano, que ya estaba enfermo pero lo sostenía su formidable extensión. Los relatos de viajeros siempre han sido apetecidos, pero a medida que los ejércitos iban abriéndose paso, los europeos ya no sólo pedían relatos sino mercancías y era de buen tono ser el más exótico.

En ESE contexto se escribe el primer libro “serio” sobre tarot. Serio porque su autor, Court de Gebelin hablaba con respeto así sus textos fueran febriles, pero su idea de vincular al tarot a la milenaria cultura egipcia cayó en suelo cultivado y su discípulo Etteila, viendo los gustos orientalistas de la época, montó un salón “oriental” tan recargado como si diez decoradores de Hollywood en estado de alucinación hubieran hecho el trabajo. y diseñó un mazo siguiendo la idea egipcia. En ESA época hay que situar a Saint-Germain, que sin duda tenía gran imaginación (además de sus méritos como diplomático y cortesano, que los tenía) para contarle a la gente de lugares lejanísimos que ya todos se imaginaban de cierta manera.

Pero Saint-Germain jamás diseñó un tarot, lo suyo era la astrología y la alquimia. Posiblemente no hubiera pasado de ser una figura folklórica, si no lo hubiera rescatado cien años después una de las órdenes cumbres del ocultismo occidental, la Sociedad Teosófica, que tenía la firme creencia en unos maestros iluminados entre los cuales Saint Germain ocupaba lugar destacado. Darle tal relevancia al que hasta ese momento era un personaje menor se explica porque las sociedades secretas no querían temas aislados sino unificar tarot, alquimia, cábala, astrología y Saint-Germain había hecho un buen trabajo con astrología y alquimia.

Insisto: no existe tal cosa el tarot de Saint Germain. Él NUNCA diseñó un mazo. El primer tarot que usó símbolos que al menos aspiraban a imitar auténtica imaginería egipcia y no afiebradas ideas europeas lo diseñó Falconnier en 1896. Y en 1901 Edgar de Valcourt-Vermont, usando el seudónimo Conde Saint-Germain (y conste que Valcourt-Vermont SI se murió…) publicó su Practical Astrology, un descarado plagio de las imágenes de Falconner. Esas imágenes las retomó la hermandad de donde salió Fox, el maestro de Connie Mendes.

Así que desde el punto de vista histórico (a) No existe tal cosa como el tarot de Saint-Germain, él era un ocultista dedicado a la astrología; (b) las imágenes egipcias responden a un momento histórico del pensamiento occidental y su uso fue parecido a un ardid comercial; (c) muchos mazos que se llaman “tarot egipcio” nada tienen que ver con el mazo original que se apoderó del nombre de Saint-Germain en 1902. El mazo recibió su impulso en el marco de la literatura de autoayuda y en una época en la cual se puso de moda exponer a las sociedades secretas con libros novelescos disfrazados de reportaje.

En cuanto a su uso, acepto que no puedo con él. Valcourt-Vermont, siguiendo la idea del libro desaparecido de los egipcios de Etteila y Gebelin, numeró sus cartas continúas del 1 al 78 para reforzar la idea de que son páginas de un libro, lo cual complica su lectura. Pero aquí, como he dicho muchas veces, la verdad es lo útil: si alguien resuena con esa baraja, se identifica con sus símbolos, le gustan sus dibujos imitando pergamino y se sintoniza con el tema egipcio, ésa es su baraja. Pero no porque la haya escrito el gran maestro de la llama violeta.

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