Luis Felipe Tenorio – lf tenorio – La Experiencia Tarot – Cali, Colombia  

 Por caótico que sea el tema de los ángeles (como vimos p.e. aquí y aquí), hay consenso sobre el Cielo: Dios es una figura sin nombre, es único así contenga tres personas y básicamente es claro que se trata de un lugar lleno de felicidad con gente alada tocando la lira. En otras palabras, en el Cielo son Dios y los demás. En el Infierno la cosa es mucho menos clara aunque más interesante: de dónde sale el diablo y organizar su corte ha sido una de las más apasionadas tareas de la historia. Y sobre todo, por extraño que parezca ¿quién es el diablo? A discernir un poco su identidad vamos a dedicar estos artículos antes de regresar a su origen.

Iconografía tradicional del rey infernal. Ilustración anónima, sin datos

Iconografía tradicional del rey infernal. Ilustración anónima, sin datos

 

 

Satanás

Posiblemente es el nombre propio más generalizado del emperador infernal, al lado de Luzbel (cuando era un ángel) y Lucifer, la versión latina tocada en el artículo anterior. La palabra ha llevado a dos etimologías; puede significar “el acusador” o “el errante”. En el Antiguo Testamento aparece como una especie de fiscal de la corte celestial (en Job 1:7 acude al llamado de Dios y conversan de lo más amigablemente) y retiene ese rol en el Libro de Zacarías: un sujeto obsesionado con perseguir las iniquidades de los hombres. Por el contrario, su rol en I Crónicas 21:1 es más ambiguo, parece independiente de Dios e incita a estragos.

Como sea, Satanás no parece un un nombre sino la descripción de una condición u oficio. Sin embargo, en el Libro de Enoc aparece como nombre propio: Satanel y se le describe como el príncipe de los ángeles desterrados. Sin embargo, en la Biblia originalmente no aparece la palabra “Satanás” excepto en Job, pero sí otros nombres como Belcebú o Leviatán, lo que ha creado una complicación de proporciones cósmicas para decidir cuándo es el mismo Satanás bajo un alias, cuando uno de sus esbirros.

En general, Satanás mezcla en su apariencia muchísimas deidades paganas (y no digo que sea nada más un “Grandes Éxitos” de dioses paganos, no discuto si el diablo existe o no, nada más me refiero a su iconografía, que comprensible y hasta legítimamente se basa en deidades odiadas o conquistadas). Tiene las piernas peludas, las pezuñas y el gigantesco falo (con idéntico apetito sexual) del lascivo Pan griego, el tridente de Poseidón, dios de las profundidades marinas y los seis pares de alas dentadas de los guardianes de las puertas de Ishtar en Babilonia.

Sea un nombre propio o un oficio, lo que queda claro es que en todas las leyendas hubo un jefe rebelde, primer y único Mal capaz de agrupar todos los pecados capitales. Y tiene poder absoluto para ejercerlo en sus tenebrosos dominios. Por la generalización del nombre, empezamos con el nombre de Satanás. Vamos ahora con otros alias más o menos conocidos para el mismo sujeto. 

Abadón

Cristiano combate con Apolión (Abbadon); en "El viaje del peregrino" de John Bunyan; edición ca. 1850; ilustraciones por Selous y Priolo

Cristiano combate con Apolión (Abbadon); en "El viaje del peregrino" de John Bunyan; edición ca. 1850; ilustraciones por Selous y Priolo

 Los seguidores de “Lost” quizá recuerden a Matthew Abbadon, un agente de Widmore que aparece en los lugares más inopinados. No estoy seguro de que los guionistas conozcan el origen del nombre, pero posiblemente sí.  

Lance Reddick como Matthew Abaddon en "Lost"

Lance Reddick como Matthew Abaddon en "Lost"

También se le conoce como Apolión, el Ángel del Abismo sin Fondo, pero su naturaleza exacta se debate y ni siquiera es claro que se trate de un ser y no de un lugar. La palabra Abaddon se asimila a Sheol, una llanura desolada donde las almas esperan el Juicio, un tema al que nos referiremos después. En otras versiones, es algo así como un compartimiento del Infierno. Pero en el Apocalipsis aparece indiscutiblemente como una persona, no un lugar, que comanda las langostas: monstruos del tamaño de caballos de guerra, con cabezas humanas coronadas, cabello de mujer, dientes de león y alas de langosta.
El paso de lugar a persona, aunque no es claro, surge (¿dónde más?) en Babilonia. Los hebreos tomaron su idea de siete sustratos concéntricos para desarrollar su propia noción de infierno, el Gehenna y allá habita un sol negro que lo gobierna. Dado que Sheol ya le daba nombre al sitio desde Job 26:6 y Proverbios 15:11, el Apocalipsis concluyó que Abaddon era el nombre del monarca de un reino infernal, el Gehenna, que para ese momento ya había crecido desordenadamente. Dado el simbolismo, poder y alcance de esa figura en Apocalipsis, el consenso es que, en su forma de persona, es el mismo Satán, sin perjuicio de que la haya dado su nombre a algún área específica de su reino. 
 

Samael

Él ángel de la Muerte, Gustave Doré, ilustración número 8 del poema "El Cuervo", ca. 1868.

Él ángel de la Muerte, Gustave Doré, ilustración número 8 del poema "El Cuervo", ca. 1868.

Si hay un ángel de la muerte celestial, el infierno no iba a renunciar al suyo. Y como vimos, con semejante tarea no es nada claro en cuál lado milita este sujeto. Aparece en el Libro de Enoc como “Jefe de los Satanes” una curiosidad que viene a reforzar que la palabra originalmente señalaba algo así como la fiscalía celestial y a Samael como cabeza del departamento: en el libro el arcángel Uriel le impide “entrar a hablar con Dios a acusar a los de la Tierra”. Sea que Samael se tomara muy a pecho su tarea de sapo, sea que se sintiera desplantado por un serafín igual a él (o inferior) pasó de coordinar una especie de policía angelical a montar una verdadera Gestapo. En algunas versiones no sólo se le acusa de ser la serpiente del Edén que tentó a Eva sino que además de la manzana le encimó el embarazo de Caín.

En general no es claro su estatus: aunque debe de haber un ángel de la muerte en el infierno como lo hay en el cielo, no es claro que sea Samael, que en cuentas como la de San Gregorio aparece entre los siete príncipes celestiales. Sin embargo, el problema parece una aliteración y mientras Sariel ejerce en el cielo, Samael lo hace en el infierno y, de aceptarse esta versión, es el propio rey infernal, que no delega esa tarea. Pero insisto, es un alias diabólico debatido.

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