ARIESCARNERO

Aries es un signo de fuego, el inicio del ciclo y por eso son los bebés del zodiaco. A este signo lo enferman las injusticias y no se refrenan por un segundo expresando sus opiniones ante su novia, un compañero, su jefe o un capo de la mafia. ¿Que después lo lamenta? Tal vez, pero la cautela no es lo suyo. Como infante vive absorbido por sus necesidades: lo que quiere lo quiere ya y no tiene problema en llamar a quien le pueda solucionar esas necesidades a las cuatro de la mañana. Ahora ¿es egoísta un bebé? No exactamente: regala sus sonrisas, sus carantoñas y todo lo que tiene, mucho o poco según se vea, entre aquellos que cumplen con sus expectativas. Aries es ingenuote, directo y absolutamente incapaz del rencor; en una pelea te incendia la casa pero media hora después ya lo olvidó y asume que tú también… aunque la casa ahora sea cenizas.

Al Aries lo representa el carnero pero ¿qué carnero y cómo acabó siendo una constelación?

Grabado del Diluvio griego para el libro "Las Metamórfosis" de Ovidio, por Johann Wilhelm Baur, ca. 1640, edición de Nuremberg, 1703, en la actualidad en el departamento de libros antiguos de la Universidad de Vermont

Grabado del Diluvio griego para el libro "Las Metamórfosis" de Ovidio, por Johann Wilhelm Baur, ca. 1640, edición de Nuremberg, 1703, en la actualidad en el departamento de libros antiguos de la Universidad de Vermont

El diluvio, versión griega

Atamante era el rey de la ciudad de Orcómeno, en la región de Beocia, una de las regiones más fértiles y ricas de Grecia, situada al sureste del país. Allá nacieron glorias de las letras griegas como Hesiodo y Píndaro, pero en general se consideraba a los lugareños más bien bobalicones.

Deucalión y su esposa Pirra, Peter Paul Rubens, 1618. Según el mito, luego del diluvio el oráculo (no es claro como quedó un oráculo para consultar, si todo el mundo había sido exterminado menos Deucalión y Pirra, pero así son estas cosas...) les ordenó tirar sobre el hombro "los huesos de la tierra" para repoblar la Tierra. Deucalión entendió que se trataba de piedras y así se llenó el mundo de nuevo

Deucalión y su esposa Pirra, Peter Paul Rubens, 1618. Según el mito, luego del diluvio el oráculo (no es claro como quedó un oráculo para consultar, si todo el mundo había sido exterminado menos Deucalión y Pirra, pero así son estas cosas...) les ordenó tirar sobre el hombro "los huesos de la tierra" para repoblar la Tierra. Deucalión entendió que se trataba de piedras y así se llenó el mundo de nuevo

El bisabuelo de Atamante es una versión de uno de los mitos más repetidos entre distintas civilizaciones: bisabuelito Deucalión era rey de Tesalia y se le consideraba el hombre más justo del mundo, en un mundo que despreciaba a los dioses desde que dominaba el fuego. Como él sí respetaba a los dioses, Deucalión fue elegido para salvarse con su esposa del diluvio que envió Zeus para acabar con la humanidad: navegaron en una barca con los animales de su granja durante nueve días y encallaron en el monte Párnaso, de donde bajaron a repoblar la tierra (al que le parezca agotador les aclaro que no es como se lo imaginan: Deucalión y su esposa arrojaron piedras que se volvieron personas).

El primer hombre nacido de verdad después del diluvio fue Heleno, fundador de la estirpe helénica, que es el nombre elegante de los griegos clásicos. Uno de sus hijos fue Eolo, homónimo del rey de los vientos, que a su vez fue el padre de Atamante.

No hay ira como la de una mujer despechada

Atamante, un mortal, se casó con una diosa, la de las nubes: la preciosa Nefele. Con ella tuvo dos hijos, Frixo, la lluvia que cae, y Hele, la vívida luz. Y aquí, como en la mayoría de estos mitos que parecen escritos para demostrar hasta dónde puede ser tonto un hombre, Atamante tuvo la buena idea de repudiar a su esposa por Ino, una mortal. De alguna forma el tipo creyó que la jugada iba a salirle bien.

A Néfele, una deidad, no le hizo cinco centavos de gracia verse cambiada por una mortal, así que abandonó la región ofendida. Mientras Ino, que quería para sus hijos el trono, intrigó para matar a sus hijastros, cosa que se le facilitó cuando Nefele envió una terrible sequía e Ino convenció a Atamante de sacrificar a Zeus a los gemelos para apaciguar al dios. Atamante, inseguro, consultó un oráculo pero Ino sobornó a los emisarios para que dijeran el que el oráculo ordenaba el sacrificio: difícil imaginarse una madrastra más cliché, aunque supongo que en ese momento era un personaje muy original.  Teniendo en cuenta que tres generaciones atrás la familia de Atamante había conocido de primera mano la ira de Zeus, y decidido a evitar una mortandad por la razón exactamente opuesta a la que había afrontado bisabuelo Deucalión, Atamante decidió atender semejante consejo de mala gana.

Frixos y Hele. Fresco romano, reproducción en un libro de J.C. Andra editado en Berlìn en 1902 por Verlag von Neufeld & Henius

Frixos y Hele. Fresco romano, reproducción en un libro de J.C. Andra editado en Berlìn en 1902 por Verlag von Neufeld & Henius

El vellocino de oro

Nefele se apareció en sueños a sus hijos y les anunció el vehículo para escapar de su suerte: el carnero Chrysomallos, otro de ilustre estirpe (en los mitos griegos ni los animales se resignan a ser un cualquiera). Chrysomallos era el hijo que Poseidón, dios del mar, convertido en carnero, había engendrado en la ninfa Teofane a la que había tenido la decencia de convertir en oveja y llevársela a una isla poblada de más ovejas, en lo que tiene que ser el harén más raro de la historia. De esos amores salió un carnero alado y con lana de oro, Chrysomallos, que de alguna manera acabó en manos de Apolo, que se lo regaló a Nefele.

El carnero recogió a Frixo y Hele, pero ella cayó y se ahogó, razón por la cual se llama Helesponto el mar de las costas griegas. Igual el carnero siguió con Frixo hasta Cólquide, al otro lado del mar Negro (hoy viene siendo Georgia). Frixo, que así paga el diablo a quien bien le sirve, lo mató para regalarle lana dorada al rey local (su futuro suegro) quien colgó el vellón de un árbol y dejó un dragón cuidándolo. Una generación después, Argos, hijo de Frixo participaría en la expedición de los Argonautas para recuperar el vellocino, alguna vez trataré el mito. Y el carnero de Aries, que acabó como una constelación por su heroico, aunque algo desagradecido, papel en este rescate, es Chrysomallos.

Aries, como el carnero que lo apadrina desde el cielo, es noble hasta el sacrificio, decidido a cumplir las misiones que acepta (no las que le encomiendan: mientras no haya dicho “sí” no se siente comprometido a nada); decidido a levantarse siempre que caiga y francamente incapaz de decir una mentira, aunque puede armar las fantasías más complicadas.

Atamante asesina a su hijo Learco, en primer plano. Al fondo, Ino y su otro hijo, Melicertes, se lanzan al mar. Grabado para el libro "Las Metamórfosis" de Ovidio, por Johann Wilhelm Baur, ca. 1640, edición de Nuremberg, 1703, en la actualidad en el departamento de libros antiguos de la Universidad de Vermont

Atamante asesina a su hijo Learco, en primer plano. Al fondo, Ino y su otro hijo, Melicertes, se lanzan al mar. Grabado para el libro "Las Metamórfosis" de Ovidio, por Johann Wilhelm Baur, ca. 1640, edición de Nuremberg, 1703, en la actualidad en el departamento de libros antiguos de la Universidad de Vermont

No todos fueron felices: los dioses enloquecieron a Atamante y mató a uno de sus hijos con Ino, quien debió lanzarse al mar con su otro hijo, donde fue rescatada por las ninfas. Extrañamente, de ser una arpía celosa e infanticida, se convirtió en una deidad amable que protegía a los marineros durante las tormentas. Y Atamas murió en la miseria y buscando la hospitalidad de las bestias.

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