Docenas de artistas han hecho covers de esta canción, pero no es famosa por eso sino por la cantidad de suicidios que le atribuyen. Tiene su propia película, Gloomy Sunday, de donde salió el extracto del comienzo (1999; Rolf Schübel) Según la leyenda, hasta gente que no la entiende se ha matado con ella. ¿Se atreven?
En 1933 el húngaro Rezso Seress trabajaba como pianista en un restaurante. Tenía 34 años, luchaba por ser compositor exitoso pero cuando su novia lo dejó, aburrida de verlo deprimido, él optó por ese clásico del despecho: encerrarse a invocar lástima pero canalizando su frustración en sus canciones y escribió una tenebrosa balada a la que llamó “Szomorú Vasárnap” o “Domingo sombrío”, que trataba de alguien cuyo amante ha muerto dejándolo plagado de sentimientos suicidas.
El domingo es sombrío, mis horas no tienen sosiego.
Queridísima, las sombras en las que vivo son innumerables.
Pequeñas florecitas blancas no van a despertarte,
no allá donde el coche negro de la pena te ha llevado.
Los ángeles no consideran la idea de devolverte alguna vez.
¿Se enfurecerían si pienso en alcanzarte?
Domingo sombrío
Me encantaría decirles que domino el húngaro y que es una traducción fiel, o por lo menos que utilicé la versión de Nino Bravo o Camilo Sesto, pero la verdad es que no habló magiar y no sé de nadie que la haya cantado en español, así que traduje el cover que hizo Holiday.
Seress incluyó “Domingo Sombrío” en su reportorio. Aunque escribirla le había retorcido las entrañas y las audiencias quedaban visiblemente entristecidas, le parecía su mejor obra y decidió publicarla como cuadernillo: en los 1930 las canciones eran más populares en cuadernillos con pentagrama para tocarlas en el piano de la casa que en discos.
Seress mandó la canción a casas de música en Hungría, Francia e Inglaterra, pero todas lo rechazaron y por la misma razón. Por increíble que suene en esta época de emos cuando los sellos musicales matarían por una canción que los mandara a abrirse las venas, las respuestas eran del tipo “Es terrible el sentimiento de desesperación de principio a final, francamente no creemos que nadie quiera algo tan deprimente”. Finalmente en 1935 una editorial la publicó permitiéndole a Seress cobrar modestas regalías.
Según la leyenda los problemas comenzaron en febrero de 1936 cuando la policía de Budapest investigó la muerte de Joseph Keller, zapatero, encontrado con una nota de suicidio decía “Domingo Sombrío” y que su tumba fuera adornada con cien “pequeñas flores blancas”. Cuando los periódicos reportaron la conexión con la canción, la curiosidad disparó sus ventas. Pero, de forma inquietante, también el número de suicidios supuestamente relacionados:
- Dos ahogados aparecieron en el Danubio aferrando el cuadernillo de “Domingo Sombrío”
- Cuando una banda de gitanos tocaba la canción en Roma, dos turistas se pegaron un tiro.
- En Viena un hombre entró a un night club, pidió la canción y en cuanto la banda acabó dio las gracias, salió a la calle y se pegó un balazo.
Y, señores, para los que hayan sentido alguna vez un horrible despecho, aquí su reivindicación: una mujer de Budapest que se envenenó fue identificada como la exnovia de Seress, la inspiración de la canción. Su nota de suicidio sólo decía “Domingo sombrío”
Después de 18 suicidios la policía de Budapest les pidió a músicos, orquestas, estaciones de radio y bares dejar de tocarla y a las tiendas dejar de vender cuadernillo y discos. Cosa que no detuvo la mortífera ruta de la canción: alimentada por la controversia de “la canción suicida húngara”, se volvió un éxito en toda Europa y fue vinculada con más suicidios, incluyendo un tendero de Berlín que se colgó sosteniendo el cuadernillo y un hombre en Bruselas que al oír a un mendigo saltó inmediatamente a su muerte desde un puente.
Es el siglo XX. Hablamos de música, radio, entretenimiento… ¿alguien cree que los Estados Unidos se iban a quedar fuera del ajo? Cuando las noticias cruzaron el Atlántico un letrista de Hollywood (cliché, pero ¿de dónde más?), Sam M. Lewis, compuso una versión en inglés que fue grabada en 1936 por el popular Hal Kemp y llevó más de 21 ensayos acabarla porque alteraba a los músicos. Desafortunadamente la canción no había llegado sola de Europa y se había traído su reputación: un estudiante de Ohio se convirtió en su primera víctima trasatlántica al matarse en mayo de 1936. Y eso que aquí pueden oír que el tono ligeramente jazz de esa versión le quita un tris de tragedia.
En 1941 Billie Holiday grabó la versión que se convirtió en best seller en USA e Inglaterra. Pero su sello, temiéndose más suicidios hicieron que Lewis escribiera otra estrofa más optimista; básicamente el narrador acaba diciendo que la desesperación fue un mal sueño y en realidad todo está de lo más bien. No funcionó: una secretaria de New York se mató dejando una nota donde pedía que se tocará “Domingo Sombrío” en su funeral. Uno diría que la pobre no se quería ir sola y ya que estaban en un velorio…
La BBC decidió sólo transmitir una versión instrumental en Londres. Amordazar la canción tampoco sirvió: en 1941 un policía investigó por qué la versión instrumental sonaba sin parar en un apartamento. Al entrar, encontró una mujer muerta sosteniendo un frasco de pastillas. La BBC, que ya tenía suficientes complicaciones en medio de la guerra para lidiar una canción embrujada y la prohibió de una vez en todas sus versiones, veto que mantuvo hasta 2002.
“Domingo sombrío” fue vinculada a casi 100 suicidios y atormentó a su compositor. Alguna vez dijo: “Esta fama fatal me hiere. Lloré todas las decepciones de mi corazón en esta canción y parece que otros con sentimientos parecidos encontraron en ella su propio dolor” Seress resultó otra baja de su creación cuando se lanzó por una ventana en 1968.
Se ha debatido años: ¿la gente se mata porque una canción increíblemente triste destruye su voluntad de vivir? Algunos señalan que Europa en los 1930, con inminente segunda guerra mundial y fascismo en furor, no era propiamente un lugar feliz. Y Hungría tenía una de las tasas de suicidio más altas del mundo (todavía, fenómeno que ha dejado perplejo a un ejército de psiquiatras). Las muertes jamás alcanzaron el rango epidémico de Hungría en sus dos primeros años, aunque los seguidores de la historia han rastreado la última víctima hasta 1997 en Escocia. Los “defensores” de la canción le achacan la pérdida de potencia mortal a las traducciones.
Como sea, la canción sigue siendo una favorita con sus hipnotizantes melodía y letra y, claro, por su leyenda negra. Entre otros la han grabado Ray Charles, Branford Marsalis, Marianne Faithfull, Björk, Sinead O’Connor y Elvis Costello.



